Análisis del discurso y construcción social de la realidad

Este trabajo reflexiona sobre el uso del Análisis del Discurso (AD) en las Ciencias Sociales, destacando su evolución teórica y su aplicación en el estudio de la comunicación social.

El lenguaje constituye un núcleo interpretativo de los procesos sociales. Analizar los discursos permite examinar cómo las personas, los grupos y las instituciones producen significados, organizan la experiencia cotidiana y establecen relaciones de poder.

El objetivo es explorar las principales corrientes del AD y analizar su papel como herramienta metodológica para comprender fenómenos comunicativos, especialmente en contextos de crisis o catástrofes mediáticas.

El giro lingüístico y la centralidad del lenguaje

Los resultados se centran en dos ejes clave: la creciente atención al lenguaje derivada del giro lingüístico, y la revolución cognitiva que consolida al AD como enfoque que considera el lenguaje como núcleo interpretativo de los procesos sociales.

Ibáñez Gracia (2003) presenta el giro lingüístico como una transformación decisiva en la manera de comprender la relación entre lenguaje, conocimiento y realidad. Desde esta perspectiva, el lenguaje no es únicamente un instrumento para describir un mundo previamente constituido, sino una práctica mediante la cual los sujetos interpretan, clasifican y organizan su experiencia.

El discurso es una forma de acción social.

Esta concepción permite comprender que hablar, escribir, nombrar, clasificar o representar no son actividades neutrales. Los discursos intervienen en las relaciones sociales, orientan interpretaciones y contribuyen a establecer aquello que puede ser considerado verdadero, normal, legítimo o problemático.

La revolución cognitiva consolidó al AD como un enfoque interesado en las relaciones entre lenguaje, pensamiento y acción. Ante la pregunta de cómo un discurso en particular -o el grupo tras él- es capaz de controlar la mente de los grupos menos poderosos, es decir los dominados, se vuelve necesario estudiar los procesos mediante los cuales los significados se incorporan, se recuerdan y se utilizan en la vida social.

“La conciencia es siempre intencional, siempre apunta o se dirige a objetos. Nunca podemos aprehender tal o cual substrato supuesto de conciencia en cuanto tal, sino sólo la conciencia de esto o aquello. Esto es lo que ocurre, ya sea que el objeto de la conciencia se experimente como parte de un mundo físico exterior, o se aprehenda como elemento de una realidad subjetiva interior.” (Berger y Luckmann, 2003, p.

La construcción social de la realidad

De acuerdo con esto, Berger y Luckmann sostienen que la realidad de la vida cotidiana goza de una posición privilegiada en la vida, porque constituye el punto de quiebre entre la conciencia y el exterior, lo que está dentro del sujeto y fuera de él.

En este sentido, el sujeto se ve constantemente forzado a volcar su atención en la realidad de la vida. Y esta realidad, concluyen, se presenta de forma ordenada, preestablecida a mi llegada al mundo, a mi interacción con él; es decir, la realidad de la vida cotidiana está por encima del sujeto y este nada puede hacer en ese orden y coherencia que percibe.

De allí que el mundo privado, por ejemplo, sea un reflejo del mundo social, lo que el sujeto experimenta fuera de los límites de su privacidad, de su propio dominio.

La construcción social de la realidad no se limita a la experiencia individual. Las instituciones, los grupos y las organizaciones participan en la producción de categorías, normas y expectativas que orientan la conducta. El lenguaje contribuye a hacer visible ese orden, a reproducirlo y, en determinadas circunstancias, a cuestionarlo.

Como señalan Berger y Luckmann (2003), la experiencia más clara que una persona tiene de un otro es en el cara a cara, en el aquí y el ahora.

Es en esa experiencia, en ese momento, que se obtiene parte de la información que es el sustrato de la investigación. Allí, en ese continuo de expresiones e información, el sujeto advierte que hay un límite entre su subjetividad y el mundo allá afuera, no así objetividad, tema de discusión para otra instancia de análisis.

El análisis del discurso permite estudiar precisamente ese continuo de expresiones, interacciones e informaciones en el que la subjetividad se relaciona con un mundo social previamente organizado, aunque siempre abierto a reinterpretaciones y disputas.

< h2>Del análisis del discurso al análisis crítico del discurso

Este ensayo aborda el aporte que realiza el Análisis Crítico del Discurso, también conocido como ACD, a las Ciencias sociales, desde un enfoque cualitativo y revisando principalmente los aportes teóricos y epistemológicos de Teun Van Dijk.

El Análisis crítico del discurso, también conocido como ACD, es un tipo de investigación social sobre el discurso, que estudia el modo en que el abuso del poder y la desigualdad social son practicados, reproducidos y, en ocasiones, combatidos desde las clases dominadas.

Este tipo de investigación, con el correr del tiempo, no ha unificado un marco teórico para emplazar su trabajo, sino que ha permanecido abierta, en interacción con otros saberes que aportan a sus intenciones.

En ese sentido, el Análisis crítico del discurso (desde ahora ACD) constituye una disciplina que dialoga con otras mientras intenta contribuir a la resistencia contra la desigualdad social.

En este trabajo se desarrolla el aporte del ACD a las ciencias sociales, de cómo este tipo de investigación se ha transformado con el tiempo en una disciplina esencial para comprender los problemas de nuestros tiempos.

El ensayo se divide en las cuatro ideas principales de este tipo de estudio: el Análisis Crítico del Discurso en sus variantes críticas y acríticas; un acercamiento teórico y conceptual; el ACD como estudio del poder y asimismo como estudio del control social.

Análisis del discurso crítico y análisis del discurso acrítico

Para ello, el trabajo se ha organizado en cuatro puntos: a) Análisis del discurso críticos contra análisis del discurso acríticos; b) Marcos conceptuales y teóricos; c) El análisis crítico del discurso y el poder; y d) El análisis crítico del discurso y el control.

El ACD, como toda investigación crítica, tiende a ser descalificado por sus intereses e intenciones políticas, bajo el argumento de que estas cualidades podrían interferir en sus métodos y aportes científicos.

Sin embargo, el ACD ha tendido a desmitificar esta concepción, argumentando que toda investigación tiene la particularidad de contener una mirada política, desee o no desee realizar un cambio en el orden social.

Por tanto, los cultores del ACD proveen a las ciencias sociales una manera de entender las relaciones entre el discurso y la sociedad, pero sobre todo en la reproducción del poder y la desigualdad, temática que atraviesa gran parte de la producción de este tipo de investigación.

De acuerdo con Charles Ragin (2007), muchas personas desvalorizan las ciencias sociales por ocuparse de las relaciones sociales que todos vivimos y conocemos, y por tanto, aseguran, no tienen que ver con la ciencia propiamente dicha sino más bien con el sentido común.

Visto de esta manera, cabe preguntarse por qué razón las sociedades están en situaciones de desigualdad, es decir, por qué los diversos escenarios de la vida en comunidad no reflejan el sentido común al que algunos hacen referencia.

La diferencia entre un análisis acrítico y un análisis crítico no depende únicamente del objeto estudiado. También se relaciona con las preguntas formuladas, con la posición epistemológica del investigador y con la atención prestada a las condiciones sociales que hacen posible un discurso.

Marcos conceptuales y teóricos

El ACD, desde sus inicios hasta nuestros días, ha carecido de un marco teórico unitario, de una dirección investigativa, mientras que sus bases y objetivos se sustentan en teorías y análisis más bien diversos.

Dado que el ACD no tiene un marco teórico unitario, pueden haber características que unan las diversas investigaciones.

O según lo expresa Van Dijk: “Así, el vocabulario típico de muchos investigadores de ACD presentará nociones como «poder», «dominio», «hegemonía», «ideología», «clase», «género», «discriminación», «intereses», «reproducción», «instituciones», «estructura social», «orden social», además de otras más familiares y precisas del discurso” (1999, p.

El carácter abierto del ACD permite incorporar aportes de la sociología, la lingüística, la psicología social, la semiótica, la filosofía, los estudios de comunicación y otras áreas de las ciencias sociales.

El ACD, a grandes rasgos, ofrece reflexiones filosóficas generales sobre las relaciones entre discurso y sociedad, preocupándose por los contextos.

Dentro de una simplificación de términos y conceptos, podría sostenerse que el investigador en cuanto ser consciente, es capaz de aprehender realidades que se entrelazan, formando, por así decirlo, un tejido complejo de realidades.

En el caso de la investigación social, en donde participa el ACD, se hace necesario operacionalizar y sistematizar conceptos, ideas y preguntas para que estas interactúen con los sujetos de estudio.

“En términos generales una hipótesis es una afirmación realizada sobre la relación entre determinadas variables. Se trata de un enunciado teórico probable pero no verificado aún referido a la relación entre dichas variables. Esta proposición, que nos indica aquello que estamos buscando en una investigación, puede ser puesta a prueba de modo de verificar o contrastar su validez.” (Salinas y Cárdenas, 2007, p.

En esa línea, Tello (2011) indica que asumir un tipo de investigación no significa que no haya relación entre metodología y teoría y postura epistemológica en el investigador, las cuales no son inherentes, o causales en último caso, lo cual podría ocasionar un uso de metodología cualitativa en una investigación con base en el positivismo.

Paradigmas de investigación y posición epistemológica

En el caso de las ciencias sociales, el concepto de paradigma es explicativo si se considera el hecho de que funciona como un marco de referencia para posicionarse desde una manera de entender y atender un fenómeno de estudio.

González (2003) indica que existen dos paradigmas que han definido el quehacer de la investigación: el positivista y el interpretativo.

Las teorías científicas ya no están destinadas a explicar los fenómenos sociales mediante esquemas de naturaleza lógica restrictiva, y la ley determinista es sustituida por la ley probabilística, que implica la presencia de imprevisión, de perturbaciones y fluctuaciones.

Si este supuesto de indeterminación probabilística es válido para el mundo natural, será aun mas válido para el mundo social, el mundo del lenguaje, del pensamiento, de la interacción entre humanos.” (Corbetta, 2007, p.

El investigador social es quien debe establecer la conexión entre una mirada de análisis, que denuncie, y la teoría que sustente la reflexión en torno a cuestiones que son responsabilidad de todos, no solo de quien investiga.

“¿Qué es entonces un mirar epistemológico? Es poseer conciencia histórica y reflexiva de un mundo que me observa, me rodea y me absorbe por más que quiera objetivarlo desde mis propios argumentos racionales; es una epistemología donde se alberga el ser y quehacer de mi disciplina específica rodeada de otras tantas que la pueden complementar (transdisciplinariedad). De lo que se trata entonces, es de tener presente cómo modifico el mundo, pero también, cómo soy modificado por él en el ciclo de mi espacio vital.” (Jaramillo, 2003, p.

El modificar el mundo y ser modificado por él es un principio que se podría encontrar en la base de toda epistemología, de toda ciencia.

Micro-nivel y macro-nivel del discurso

La investigación en el ACD comprende el estudio de dos niveles, lo que se suele llamar «micro-nivel», es decir las interacciones que se dan entre actores sociales, y el «macro-nivel», que abarca grupos, las relaciones de grupos e instituciones, lo cual siempre es un constructo, o por así decirlo un escenario de estudio.

La realidad social, sin embargo, se presenta como un todo unitario, en donde los niveles macro y micro conviven, se desarrollan e interactúan.

En el micro-nivel pueden analizarse las elecciones léxicas, las formas de argumentación, los turnos de habla, las estrategias de cortesía, las presuposiciones y las formas de designar a los participantes.

En el macro-nivel pueden examinarse las instituciones, las relaciones entre grupos, las estructuras sociales y los procesos históricos que condicionan la producción y circulación de los discursos.

El análisis de un discurso concreto requiere relacionar ambos niveles. Una interacción aparentemente cotidiana puede reproducir categorías sociales amplias, mientras que una institución puede consolidar su autoridad mediante prácticas lingüísticas que se actualizan en conversaciones, documentos, noticias o mensajes públicos.

Discurso, poder y dominio

Llegados a este punto, es importante señalar tres características de la investigación del ACD: primero, que el acceso a formas específicas de discurso es ya un recurso de poder; segundo, que si la mente controla las acciones, podemos suponer que controlando la mente se puede llegar, eventualmente, a controlar las acciones; y tercero, que la mente, al ser influenciada por los textos y el habla, es susceptible de ser controlada por el discurso.

De aquí entonces, el entramado social completo -las relaciones interpersonales, las relaciones que establece el sujeto con una institución y viceversa- se verá como un objeto de estudio que nos revele más sobre cuáles son las maneras que tiene la sociedad de operar, en concreto, el uso del poder por parte de clases dominantes, es decir el dominio.

Al respecto, Van Dijk afirma: “En otras palabras, el dominio puede ser definido como el ejercicio ilegítimo del poder” (1999, p.

Frente a estas cuestiones, Teun Van Dijk realiza la siguiente pregunta: “¿Cómo son capaces los grupos dominantes de establecer, mantener y legitimar su poder, y qué recursos discursivos se despliegan en dicho dominio?” (1999, p.

El poder discursivo no se reduce a la capacidad de emitir mensajes. También comprende la posibilidad de acceder a espacios de comunicación, imponer temas, definir categorías, seleccionar voces autorizadas y establecer interpretaciones socialmente aceptables.

Resulta apropiado mencionar el hecho de que Van Dijk plantea que es necesario un enfoque interdisciplinar para responder a una de las cuestiones básicas del estudio en ACD: de cómo los grupos con más poder controlan el discurso.

Respecto a esto, en términos interdisciplinares, mantener una hipótesis que se relacione entre uno o más campos de estudio, de manera de mantener la coherencia entre los diversos intereses del ACD, de los aportes que cada disciplina pueda hacer, sería el ideal en los estudios respecto a las desigualdades sociales.

Control social y control de la mente

Ante la pregunta de cómo los grupos más poderosos controlan el discurso, surge otra pregunta esencial: cómo un discurso en particular -o el grupo tras él- es capaz de controlar la mente de los grupos menos poderosos, es decir los dominados.

Ante esta realidad, también es importante reflexionar sobre cuáles son las consecuencias sociales que tiene este control.

El control, entendido como un -o el- recurso para mantener el orden social, puede ser objeto de múltiples miradas y análisis.

El control social puede operar mediante instituciones, normas, categorías administrativas, rutinas comunicativas y formas de representación. En este marco, el discurso contribuye a orientar la manera en que los sujetos interpretan acontecimientos, identifican responsabilidades y valoran las alternativas disponibles.

Bajo esa línea, no podría obviarse el hecho de que la propia investigación, el propio método de obtener información, podría ser visto como una manera de controlar el entendimiento de un fenómeno particular.

“Si existe una respuesta correcta y usted cree que las autoridades que dirigen la institución donde estudia o trabaja la conocen, entonces sabe que su tarea es encontrarla y reproducirla cuando así se lo requieran, para demostrar que merece ser recompensado e incluso convertirse en uno de sus guardianes.» (Becker, 2011, p.

Es de esta manera como el propio estudio de las ciencias sociales, en el peor de los casos, podría transformarse en un modo más de control.

Sin embargo, en el transcurso de una construcción de conocimiento que que articule saberes y propuestas, que mantenga coherencia entre sus propósitos, las ciencias sociales se convierten en un escenario pertinente para que el ACD realice un aporte.

Interdisciplinariedad y comunicación social

Con lo expuesto, es posible validar una concepción interdisciplinar para el estudio en ACD, que dialogue en torno a los fundamentos epistemológios, metodológicos y, por qué no, ontológicos que confieren el acercamiento a las cuestiones de base tras los fenómenos, como es el caso de la Comunicación en tanto campo de estudio.

“La meta sería lograr una verdadera interdisciplinariedad en el estudio de la comunicación. Es decir, que varias ciencias confrontaran sus posiciones sobre la comunicación, intercambiaran métodos y puntos de vista, colaboraran en analizar conjuntamente las distintas dimensiones de los procesos de comunicación.” (Lozano, 2007, p.

Lo que señala Lozano representa una idea bastante difundida en humanidades y ciencias sociales, que es la interdisciplinariedad.

La comunicación social constituye un ámbito especialmente relevante para el AD porque articula discursos institucionales, mediáticos, políticos y cotidianos. En este espacio se producen interpretaciones sobre acontecimientos, se jerarquizan problemas y se distribuyen posiciones de autoridad.

El objetivo de explorar las principales corrientes del AD y analizar su papel como herramienta metodológica resulta particularmente pertinente en contextos de crisis o catástrofes mediáticas.

análisis crítico del discurso y poder

Aplicación metodológica del análisis del discurso

La metodología se basa en una revisión crítica de literatura y casos aplicados, mediante la cual se examinan las implicaciones epistemológicas y metodológicas del AD en la investigación social contemporánea.

El análisis puede comenzar con la delimitación del problema social, continuar con la selección de los discursos relevantes y relacionar los recursos lingüísticos con los contextos institucionales e históricos en los que se producen.

En el caso de la investigación social, en donde participa el ACD, se hace necesario operacionalizar y sistematizar conceptos, ideas y preguntas para que estas interactúen con los sujetos de estudio.

El investigador debe considerar quién produce el discurso, a quién se dirige, qué temas privilegia, qué actores aparecen representados, qué actores son silenciados y qué relaciones de poder se mantienen o se cuestionan.

También es necesario observar las formas de designación, las oposiciones entre grupos, las metáforas, los argumentos, las presuposiciones, las omisiones y las modalidades de certeza o duda.

Estos procedimientos no deben separarse del análisis de las instituciones, los medios de comunicación, las organizaciones y las condiciones sociales que permiten que determinados discursos alcancen mayor circulación y autoridad.

El discurso como práctica de interacción

Lozano, Peña-Marín y Abril (1982/2007) vinculan el análisis del discurso con una semiótica de la interacción textual.

La interacción textual permite estudiar el discurso como una práctica situada, en la que los significados se producen mediante relaciones entre textos, hablantes, audiencias y contextos.

La audiencia activa, estudiada por Callejo Gallego (1995), muestra que los receptores no son necesariamente sujetos pasivos. El consumo televisivo y la recepción de mensajes implican discursos y estrategias mediante los cuales las audiencias interpretan, negocian o resignifican los contenidos.

El grupo de discusión, trabajado por Ibáñez (1928/1992) y Gutiérrez Brito (2008), ofrece un espacio para observar cómo los participantes construyen posiciones, acuerdos, desacuerdos y categorías compartidas en el curso de la conversación.

Conde Gutiérrez del Álamo (2009) propone el análisis sociológico del sistema de discursos como una vía para relacionar las expresiones particulares con estructuras discursivas más amplias.

Ideología, representación y desigualdad

Van Dijk (2003) sitúa la ideología y el discurso en una relación estrecha con la producción de representaciones sociales.

Las ideologías pueden orientar la manera en que los grupos se representan a sí mismos y representan a otros. En el discurso, estas representaciones pueden aparecer mediante la selección de temas, la atribución de responsabilidades, la valoración de conductas y la construcción de identidades colectivas.

El ACD estudia cómo el abuso del poder y la desigualdad social son practicados, reproducidos y, en ocasiones, combatidos desde las clases dominadas.

El vocabulario típico de muchos investigadores de ACD presentará nociones como «poder», «dominio», «hegemonía», «ideología», «clase», «género», «discriminación», «intereses», «reproducción», «instituciones», «estructura social» y «orden social».

Estas categorías permiten examinar la desigualdad no como un hecho aislado, sino como un proceso que se actualiza en instituciones, interacciones y representaciones. El discurso puede naturalizar jerarquías, presentar relaciones históricas como si fueran inevitables y convertir intereses particulares en supuestos intereses generales.

Bourdieu (1996) cuestiona la idea de una opinión pública homogénea y plenamente existente como entidad independiente. Desde esta perspectiva, las opiniones se relacionan con condiciones sociales, posiciones diferenciadas y mecanismos institucionales de representación.

La investigación social como espacio reflexivo

Las ciencias sociales, en cuanto maneras de comprender la interacción entre personas, debe otorgar la posibilidad constante de ampliar sus propias miradas.

Es por ello que las ciencias sociales deberían entablar un diálogo de conocimientos, de propuestas y de acercamientos a los fenómenos de estudio.

La investigación no puede presentarse como una actividad completamente exterior al mundo que analiza. El investigador selecciona problemas, define conceptos, formula preguntas y establece procedimientos que influyen en la forma final del conocimiento.

El investigador social es quien debe establecer la conexión entre una mirada de análisis, que denuncie, y la teoría que sustente la reflexión en torno a cuestiones que son responsabilidad de todos, no solo de quien investiga.

La reflexividad exige reconocer que el análisis también participa en la construcción de aquello que pretende describir. Esta conciencia no elimina la necesidad de rigor; por el contrario, obliga a explicitar las decisiones teóricas, metodológicas y epistemológicas.

El ACD contribuye a esta tarea al hacer visibles las relaciones entre discurso, sociedad, poder, conocimiento y desigualdad.

Autores y aportes relacionados

Autor o autoraAporte relacionado
Teun Van DijkIdeología, discurso, poder, dominio y control social
Peter Berger y Thomas LuckmannConstrucción social de la realidad y vida cotidiana
Jürgen LozanoInterdisciplinariedad en el estudio de la comunicación
Jesús IbáñezGrupo de discusión, teoría y crítica
Fernando Conde Gutiérrez del ÁlamoAnálisis sociológico del sistema de discursos
Michel FoucaultRelación entre saber, discurso y orden social
John L. AustinLenguaje, palabras y acciones
Norman FaircloughAnálisis crítico del discurso y relaciones sociales

Referencias teóricas para el análisis

El desarrollo del AD se relaciona con aportes diversos sobre lenguaje, interacción, poder, conocimiento y construcción social.

  • Austin, J. L. (1971/1998). Cómo hacer cosas con palabras. Palabras y acciones. Paidós.
  • Billig, M. (1989). Arguing and thinking. A rhetorical approach to social psychology. Cambridge University Press.
  • Bourdieu, P. (1996). La opinión pública no existe. Voces y Cultura, 10, 137-149.
  • Callejo Gallego, J. (1995). La audiencia activa. El consumo televisivo: discursos y estrategias. Centro de Investigaciones Sociológicas.
  • Conde Gutiérrez del Álamo, F. (2009). Análisis sociológico del sistema de discursos. Centro de Investigaciones Sociológicas.
  • Chomsky, N. (2003). La arquitectura del lenguaje. Kairós.
  • Foucault, M. (1966/2002). Las palabras y las cosas. Una arqueología de las ciencias humanas. Siglo XXI.
  • Gutiérrez Brito, J. (2008). Dinámica del grupo de discusión. CIS, Cuadernos Metodológicos.
  • Ibáñez, J. (1928/1992). Más allá de la sociología el grupo de discusión: teoría y crítica. Siglo XXI.
  • Ibáñez Gracia, T. (2003). El giro lingüístico. En Íñiguez Rueda, L. (Ed.) Análisis del discurso. Manual para las ciencias sociales (pp. 21-42). UOC.
  • Íñiguez Rueda, L. (Ed.) (2003). Análisis del discurso. Manual para las ciencias sociales. Barcelona, UOC.
  • Lozano, J., Peña-Marín, C. y Abril, G. (1982/2007). Análisis del discurso. Hacia una semiótica de la interacción textual. Cátedra.
  • Van Dijk, T. A. (2003). Ideología y discurso. Ariel.
  • Rodríguez Teijeiro, A. (2025). El análisis del discurso en el marco de la comunicación social. Rupturas epistemológicas y giro discursivo. European Public & Social Innovation Review, 10, 1-11.

Después de finalizado este recorrido por cuatro ideas fundamentales respecto del Análisis crítico del discurso, a saber las diferencias entre los análisis críticos y los acríticos, sus marcos teóricos y conceptuales, sus estudios y propuestas en torno al poder en el discurso y el control en el discurso, nos queda claro que lo que las ciencias sociales desarrollan desde sus bases epistemológicas y metodológicas se ven enriquecidas por las intenciones investigativas del ACD.

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