Ascensorista: «Este no es mi piso» y el oficio que todavía mueve edificios

Un ascensor puede ser una máquina, un espacio de tránsito o el escenario de una relación breve entre desconocidos. En algunos edificios, además, sigue siendo el lugar de trabajo de una persona que recibe a los pasajeros, pregunta a qué piso van y hace subir o bajar la cabina durante toda la jornada.

El oficio de ascensorista parece pertenecer a otra época, pero todavía existe. Eugenia Contreras (68) es ascensorista en el edificio de la calle Phillips 15, donde trabaja con un ascensor mecánico de más o menos cien años.

Ascensor antiguo con ascensorista

Eugenia Contreras y una oportunidad inesperada

Hace tres años, mi hijo llegó a la casa contándome que en este edificio estaban buscando una ascensorista.

Él trabaja acá y por eso supo.

Fui dueña de casa toda mi vida y no estaba buscando trabajo, pero me pareció una buena oportunidad.

Venía saliendo de varios meses de recuperación después de una operación por un accidente en micro, así que mi hijo y yo pensamos que este trabajo podía ser una buena idea para empezar a moverme de nuevo y tener algo que me motivara.

Así que dije que sí enseguida.

Nunca se me hubiese ocurrido que iba a trabajar en esto, pero me encanta.

Me gusta pensar que soy de las últimas generaciones de ascensoristas.

Cómo se maneja un ascensor mecánico de cien años

No sabía nada de ascensores, obviamente nunca había manejado uno, pero no me dio susto.

Vine un día antes, me enseñaron entre todas y se me hizo fácil.

Este ascensor tiene más o menos cien años y es mecánico, así que mi trabajo consiste en girar las manillas para subir y bajar los ocho pisos del edificio.

La labor exige permanecer atenta al funcionamiento de la cabina, a las solicitudes de los pasajeros y al recorrido entre los distintos niveles. El ascensor no opera de manera completamente automática: la persona que lo conduce participa directamente en cada subida y bajada.

CaracterísticaDescripción
AntigüedadMás o menos cien años
TipoMecánico
RecorridoOcho pisos del edificio
ControlGirar las manillas para subir y bajar
UbicaciónEdificio de la calle Phillips 15

Un oficio en vías de desaparecer

Este es de los pocos ascensores mecánicos que quedan en el centro, de hecho, lo quieren reemplazar por uno moderno, así que no sé hasta cuándo va a durar este oficio.

Mis conocidos no podían creer cuando les conté en qué iba a trabajar, principalmente porque no sabían que aún existieran los ascensores manejados por alguien.

La permanencia de este ascensor depende de una tensión entre la conservación de una forma de trabajo antigua y la sustitución por sistemas modernos. El edificio todavía cuenta con una cabina que necesita una persona para operar, pero existe la intención de reemplazarla.

El futuro del oficio resulta, por eso, incierto. Mientras el ascensor siga funcionando, el trabajo conserva su utilidad cotidiana; cuando sea sustituido, también podría desaparecer una manera particular de relacionarse con el edificio y con quienes lo habitan.

Una presencia reconocible para los residentes

La gente ya me conoce y conversamos en los pocos segundos que los llevo arriba del ascensor.

A veces me regalan chocolates, me traen regalos de sus viajes, llaveros o cosas así.

Detallitos.

Es entretenido estar aquí porque pasan hartas cosas.

La ascensorista no solo controla el movimiento de la cabina. También forma parte de la vida diaria del edificio: reconoce a los residentes, conversa con ellos durante el trayecto y recibe pequeñas muestras de afecto.

La duración de cada viaje es breve, pero suficiente para establecer una relación cotidiana. El ascensor se convierte en un punto de encuentro donde las personas se saludan, intercambian unas palabras y mantienen una familiaridad que no existiría con una máquina completamente automática.

Lo que ocurre dentro de la cabina

Por ejemplo, a veces suben parejas discutiendo o conversando cosas interesantes, pero yo soy ciega, sorda y muda en esos casos, tengo que hacer como si no estuviera.

El ascensorista comparte un espacio reducido con personas que pueden conversar, discutir, guardar silencio o atravesar situaciones privadas. Su trabajo también implica respetar esa intimidad y no intervenir en lo que ocurre durante el trayecto.

La cabina concentra escenas muy distintas en pocos segundos. Para quien trabaja allí, cada viaje puede ser rutinario desde el punto de vista del recorrido, pero imprevisible por las personas que suben y por las situaciones que se desarrollan dentro.

Una mujer mayor en un oficio tradicionalmente masculino

Antiguamente todos los ascensores funcionaban con alguien que los hiciera subir y bajar, pero siempre eran hombres.

Yo no me acuerdo de haber visto nunca a una ascensorista.

La gente se sorprende cuando me ve, porque no es común ver a una mujer y más encima mayor haciendo esta pega.

La presencia de Eugenia rompe una imagen tradicional del oficio. El trabajo estuvo históricamente asociado a hombres, pero en este edificio son puras mujeres, dos ascensoristas y dos conserjes.

No hay hombres y así ha sido históricamente.

La escena reúne dos elementos que suelen llamar la atención de los pasajeros: que la persona a cargo sea mujer y que, además, sea mayor. La sorpresa de quienes entran a la cabina revela cuánto ha cambiado la relación entre los edificios y los servicios que antes parecían normales.

La memoria de un ascensorista durante ocho horas

“Al tres, no perdón, al cuatro…¡Ay, ya no me acuerdo! Esta es mi vida.

Ocho horas diarias repitiendo el mismo mantra y apretando los mismos botones.

Mi nombre es Ascensión y soy el que hace que este elevador suba y baje de 5:00 am a 1:00 pm en un hotel relativamente nuevo y sin estilo, como la clase política dominante del país.

Aunque pudiera pensarse lo contrario, no me aburro en mi trabajo, cada vez que sube o baja alguien me impongo el reto mental de grabar con memoria fotográfica todas y cada una de sus facciones, acciones y prendas.

  • “Camisa roja. Piernas largas. Lentes sucios. Hijo de papi. Agujetas doradas. Portafolio.
  • “Besuqueo. Comida para llevar. Dedos ampollados. Nariz de caballo. Juguete portátil.
  • “Falda negra. Rezando. Papelería. Jeans ajustados. Albino. Pelo en pecho. Sonrisa.

La repetición del recorrido no elimina la posibilidad de observar. Cada pasajero modifica el contenido de la jornada y convierte el ascensor en una sucesión de rostros, objetos, gestos y escenas.

El trabajo consiste en repetir movimientos, pero la percepción de quienes entran permite construir una actividad mental paralela. La cabina se transforma en un pequeño observatorio de la vida cotidiana.

Las horas lentas y el banco del ascensor

En las horas más flojas mi única compañía es éste banquito que parece haber sido traído de algún palacio Checoslovaco.

Bueno, nunca he ido a Checoslovaquia, pero me imagino que los muebles allá deben ser de color rojo con cubiertas de vinilo y madera despostillada.

No me es permitido portar audífonos así es que tarareo canciones al ritmo del golpeteo de las patas del banco contra el piso del ascensor.

Una vez hasta compuse una canción, la titulé “Concierto para un ciego, un sordo, un mudo y un castor” y aunque al principio me recordaba mucho al “Cielito Lindo” que se canta en los estadios, al final logré llevarla a territorios más experimentales.

La espera entre un pasajero y otro forma parte de la jornada. En esos momentos, los objetos del puesto de trabajo adquieren protagonismo y el sonido del ascensor puede marcar el ritmo de la rutina.

La mirada de los pasajeros

Odio que la gente se me quede viendo con extrañeza.

Como si este trabajo pudiera volver loco a alguien.

Como si cada vez que les pregunto “¿A qué piso va?” les estuviera impidiendo realizar una sencilla acción que no requiere intermediario.

Una vez escuché a una señora decir: “¡Que curiosidad! Un elevador que aún tiene ascensorista!”, comentario que se me hizo completamente absurdo ¡Como si no todo elevador requiriera el noble trabajo de alguien como yo!

La sorpresa de los pasajeros puede resultar incómoda para quien realiza el oficio. La pregunta sobre el piso, que para un ascensorista forma parte de la labor diaria, también recuerda que la mayoría de las personas ya espera controlar directamente el ascensor.

En los edificios modernos, el usuario suele presionar un botón y esperar el movimiento automático de la cabina. En cambio, cuando hay una persona a cargo, el trayecto incluye una interacción humana que muchos pasajeros consideran excepcional.

La operación automática y los trucos para llegar directamente a un piso

Supongamos que estás en el primer piso y tu reunión es en el décimo.

Entras al ascensor, pero no quieres que se detenga porque llegarás tarde.

En algunos ascensores, simplemente al presionar el número de piso y mantenerlo así lograrás truco.

Cuando subas al ascensor, pulsa el botón “Cerrar puerta”.

A menudo, este botón será dos triángulos apuntando uno hacia el otro.

Sigue manteniendo presionado el botón “Cerrar puerta” mientras subes a tu piso.

En algunos ascensores, puedes cancelar los pisos que ya se hayan presionado.

Por supuesto, si las personas ven que lo haces, es posible que no estén muy contentas.

El método más simple es presionar dos veces el botón, lo cual funciona en los ascensores Mitsubishi Electric.

En otras marcas tendrás que presionarlo cinco veces, por ejemplo, en los ascensores Fujitec.

Estos procedimientos no son universales. Además, alterar el funcionamiento normal de un ascensor puede generar riesgos, afectar a otros pasajeros o interferir con los sistemas de seguridad del edificio.

Algunas personas sugieren que puedes usar tu pie para evitar que la puerta se abra.

Simplemente pon tu pie en el medio de la puerta del ascensor, de tal forma que cubras los bordes de la puerta.

Esta práctica no debe considerarse una recomendación de seguridad. Las puertas y los sensores pueden reaccionar de manera distinta según el modelo, y bloquearlas con el cuerpo puede provocar accidentes.

Llaves maestras y acceso restringido

Si te llevas bien con el administrador del edificio, podrías preguntarle por el código secreto del ascensor.

La llave maestra te permitirá subir o bajar de forma rápida si tienes una.

Sin embargo, comprende que es posible que tu amigo bombero se muestre reacio.

Entregar una llave maestra al público en general puede ser peligroso e incluso ilegal.

Si fallas en tu búsqueda, también puedes buscar llaves maestras en eBay.

Puedes buscar llaves de todo acceso que deben funcionar en diversos ascensores.

La compra de llaves es un asunto cuya legalidad no está clara.

Con el fin de asegurarte de que la llave que vas a comprar funciona en tu ascensor, es posible que debas investigar un poco.

Mira la marca y modelo de tu ascensor que normalmente aparece en la parte interior.

Para usar la llave, insértala en el ojo de la cerradura cuando entres al ascensor.

Es posible que tengas que probar más de una si es de cuatro lados.

Deja la llave puesta.

Recuerda que estos trucos no funcionarán en todos los ascensores.

El acceso a mecanismos de control, llaves maestras o códigos reservados debe quedar en manos de personal autorizado. La existencia de una llave o de una secuencia de botones no significa que su uso por parte del público sea seguro, legal o compatible con el ascensor.

Cuando la antigüedad se convierte en un problema

Residentes de un edificio de Viña del Mar, en la región de Valparaíso, han estado enfrentando en las últimas semanas serios problemas con los dos únicos ascensores con los que cuentan para subir los 22 pisos de la torre.

Fue el pasado 28 de diciembre cuando ambos ascensores quedaron sin funcionamiento, volviendo a estar operativo uno de ellos el viernes 3 de enero.

Sebastián Peña, residente de la torre, expuso que "los ascensores que tenemos son ascensores que son antiguos, y como son antiguos, estos ascensores ya tienen piezas, según lo que ha reportado la empresa Sirmaval, que ya no pueden ser repuestas, ya no pueden ser fabricadas...

Otra residente explicó que la empresa indicó en un comunicado "que los dos ascensores están obsoletos, que necesitan cambio y que lo que ellos podían hacer, que es lo que hicieron, una reparación parche.

Es algo que puede durar cinco días como puede durar un año.

“Somos muchas familias en estas condiciones, y aquí no hay solución, no hay respuesta.

Se han pedido asambleas que no se dan.

El administrador Cristian Navia señaló que "nosotros tenemos presupuesto para el cambio de estos ascensores".

La experiencia de este edificio muestra la diferencia entre conservar un ascensor antiguo porque todavía cumple una función y mantenerlo cuando ya no existen piezas de repuesto o cuando las reparaciones solo ofrecen una solución temporal.

SituaciónDato
EdificioViña del Mar, en la región de Valparaíso
AscensoresDos únicos ascensores
Altura22 pisos de la torre
Falla inicialAmbos ascensores quedaron sin funcionamiento
Reactivación parcialUno de ellos volvió a estar operativo el viernes 3 de enero
Problema técnicoPiezas que ya no pueden ser repuestas ni fabricadas
Respuesta previstaPresupuesto para el cambio de estos ascensores

Modernizar un ascensor para adaptarlo al edificio

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Las alternativas de modernización pueden responder tanto a las limitaciones físicas del edificio como a las necesidades de circulación de sus residentes. El diseño, el espacio disponible, el consumo y las condiciones de instalación forman parte de las decisiones que deben evaluarse antes de sustituir un ascensor antiguo.

TUTORIAL - FUNCIONAMIENTO DE ELEVADOR

Accesibilidad, seguridad y comodidad

Un edificio con ascensor es más seguro y más cómodo para los residentes de cualquier edad, ya sean bebés o personas mayores.

Un ascensor en el edificio también lo hace más atractivo para nuevos residentes.

Ahora es posible instalar un ascensor en cualquier edificio.

Y es más fácil de lo que piensas.

La presencia de un ascensor influye en la autonomía y en la comodidad de quienes viven o trabajan en un edificio. También puede ser especialmente relevante para personas mayores, familias con bebés y residentes que necesitan desplazarse entre plantas sin utilizar escaleras.

La discusión sobre el ascensorista no se limita a la nostalgia por una profesión antigua. También involucra el mantenimiento de los equipos, la seguridad de los usuarios, la accesibilidad y la capacidad de los edificios para responder a las necesidades de sus residentes.

Una jornada entre rutina, memoria y trato humano

“Gritando. Traje gris Oxford. Sangre en las manos. Correa. Sobre amarillo.

El ascensorista repite preguntas, movimientos y recorridos, pero la jornada nunca está formada únicamente por repeticiones. En una cabina pueden coincidir una conversación breve, un regalo inesperado, una discusión ajena, un silencio incómodo o la observación detallada de quien acaba de entrar.

En el caso de Eugenia, el trabajo también representa una forma de volver a moverse después de una recuperación y de encontrar una actividad que la motivara. En el caso de Ascensión, la rutina se convierte en un ejercicio de memoria, imaginación y atención a los pasajeros.

Entre manillas, botones, puertas y ocho pisos, el oficio conserva una dimensión humana que los ascensores automáticos no reproducen de la misma manera.

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