La expresión fibra de anclaje pulmonar puede relacionarse con el comportamiento de determinadas fibras inhaladas capaces de alcanzar el parénquima pulmonar, permanecer en él y acumularse en el tejido respiratorio. La capacidad de una fibra de causar patología pulmonar viene condicionada en especial por las 3D: dimensión, dosis y durabilidad.
Respecto a la dimensión, se consideran fibras respirables -es decir, capaces de llegar al parénquima pulmonar- las que tienen un diámetro inferior a 3μ, una longitud superior a 5μ y una relación longitud/diámetro igual o mayor de 3. Se acepta que las fibras más gruesas, aunque pudieran ser inhaladas, quedarían retenidas en las partes superiores del sistema respiratorio, y que las más cortas podrían ser fagocitadas por los macrófagos alveolares y ser eliminadas.
Qué determina que una fibra permanezca en el pulmón
La dosis se refiere a la cantidad de fibras que llegan al parénquima pulmonar, y pueden causar patología cuando su concentración supera la capacidad de los mecanismos de defensa para eliminarlas. La durabilidad o la biopersistencia es el tiempo que una fibra puede permanecer en el pulmón.
Viene determinada por la velocidad con la que la fibra puede disolverse o romperse una vez depositada en este y está relacionada con su composición química. Estas 3 características de las fibras condicionan su capacidad para llegar, permanecer y acumularse en el pulmón1, y en definitiva causar patología pulmonar.
Las fibras de asbesto permanecen en el aire largos períodos de tiempo, lo que favorece el riesgo de inhalación. Su capacidad de penetración en el aparato respiratorio, así como la cantidad de ellas retenidas en el pulmón, está en función del tamaño, cantidad y eliminación posterior de las fibras inhaladas.
El sistema de "aclaramiento mucociliar" elimina la mayor parte en un tiempo relativamente rápido que oscila entre varios minutos a unas doce horas; sin embargo, una proporción variable, que depende de la cantidad y tipo de fibras así como de la eficacia de depuración, alcanza el intersticio pulmonar.
En general el crisotilo tiene una vida media de meses, mientras que los anfíboles pueden permanecer durante décadas en el pulmón1-3.
El diámetro medio de las fibras encontradas en los alvéolos suele ser de menos de 1µm, pero un número considerable son tan pequeñas que escapan a la resolución del microscopio óptico (MO), siendo sólo visibles mediante microscopía electrónica (ME).
El paso desde la luz del espacio aéreo hasta el intersticio puede tener lugar por el transporte en el interior de los macrófagos, por penetración directa a través del epitelio (ya sea dentro de las células epiteliales o entre ellas) o por la organización de un exudado intraluminal después de lesión epitelial4.
El mecanismo por el cual las fibras alcanzan la pleura, aunque no se conoce del todo, posiblemente implique el sistema linfático pulmonar a través de los vasos intercostales y diafragmáticos5.

Tipos de fibras que pueden alcanzar el tejido pulmonar
Existen varios tipos de fibras que pueden clasificarse de diversas maneras2-4. En primer lugar se distinguen las fibras naturales -las que se encuentran como tales en la naturaleza- y las fibras manufacturadas -las elaboradas por el hombre-.
Ambos grupos, las naturales y las manufacturadas, pueden dividirse en orgánicas e inorgánicas. Las fibras naturales orgánicas pueden ser animales, como la lana, o vegetales, como el algodón.
Dentro de las fibras naturales inorgánicas existe una amplia variedad, y destacan las fibras de asbesto por su capacidad de producir enfermedades.
Las fibras manufacturadas orgánicas son las elaboradas por el hombre utilizando materia orgánica. Dentro de estas encontramos las fibras artificiales, en las que la materia prima es natural pero el proceso de obtención de la fibra es manufacturado, como son los polímeros de celulosa, y las sintéticas, en las que tanto la materia prima como el proceso de obtención de la fibra son elaboraciones humanas, como es el caso de las fibras acrílicas o el nylon.
Las fibras manufacturadas inorgánicas, las producidas por el hombre usando materia inorgánica, pueden tener una estructura vítrea o cristalina. Son las fibras manufacturadas más importantes por su volumen de fabricación y consumo, y de manera global se conocen con el nombre de fibras minerales artificiales (FMA o MMMF, de la denominación inglesa man-made mineral fibres).
Las FMA más comunes tienen estructura vítrea (amorfa), por lo que a las FMA de manera genérica también se las llama fibras vítreas artificiales.
Fibras minerales artificiales
Las FMA se producen fundiendo la materia prima y dándole la forma deseada al enfriarla rápidamente. La materia prima más utilizada está compuesta por silicatos y cantidades variables de óxidos inorgánicos.
Las FMA se clasifican clásicamente en 3 tipos: filamentos continuos, lanas minerales y fibras cerámicas refractarias (FCR).
Filamentos continuos de fibra de vidrio
Los filamentos continuos de fibra de vidrio son fibras más o menos rectilíneas, de diámetros uniformes y típicamente más gruesos que los de las lanas.
Los filamentos al fragmentarse originan fibras cortas, pero debido a su grosor, de entre 3,5 a 25,0μm, no se consideran respirables.
Su producción se inició a principios del siglo xx y se utilizan básicamente para reforzar materiales en industrias de aislamiento, electrónica y construcción.
Lanas minerales
Las lanas son masas de fibras entrelazadas y desordenadas de longitudes y diámetros variables, y algunas de ellas pueden llegar a ser respirables.
Las lanas minerales se dividen de manera clásica en 3 tipos: lana de vidrio, lana de roca y lana de escoria.
Las lanas de roca y escoria fueron las primeras que se empezaron a producir, a mediados del siglo xix, con un pico de producción a mediados del siglo xx cuando empezó a tomar más importancia la lana de vidrio.
Se utilizan básicamente para el aislamiento térmico y acústico, típicamente en edificios, vehículos y aparatos, así como para materiales ignífugos y de protección contra incendios.
Son de mención especial las microfibras de lana de vidrio, que son fibras de lana de vidrio con un diámetro inferior a 1μm. Se utilizan en productos de alta tecnología, como filtros de aire de alta eficiencia o en el aislamiento aeroespacial.
A partir de 1990 se ha desarrollado una nueva familia de lanas, las denominadas lanas de aislamiento de altas temperaturas, constituidas por silicatos alcalinotérreos.
Son menos biopersistentes que las FCR, tienen similares propiedades físicas y pueden sustituir a estas en algunas aplicaciones.
Fibras cerámicas refractarias
Las fibras cerámicas refractarias provienen de la mezcla de aluminio, sílice y otros óxidos refractarios.
Sus fibras tienen un diámetro de 1,2 a 3,5μm y su longitud es variable.
Se empezaron a comercializar entre 1950 y 1960, por lo que comparándolas con las demás FMA son relativamente nuevas.
Sus aplicaciones son varias, pero básicamente se utilizan como aislantes térmicos para requerimientos de elevadas temperaturas, principalmente a nivel industrial.
Fibras de asbesto y comportamiento pulmonar
Las FMA tienen algunas similitudes con las fibras de asbesto, entre ellas las mismas propiedades aerodinámicas.
No obstante, mientras que las fibras de asbesto tienden en general a romperse longitudinalmente dando lugar a fibras largas cada vez más delgadas que pueden permanecer en el pulmón durante tiempo, las FMA lo hacen transversalmente, produciendo segmentos cada vez más cortos que pueden así ser eliminados de manera más eficaz a través del sistema fagocítico.
A pesar de estas diferencias, debido a que se conoce sobradamente la relación entre la inhalación de asbesto y el desarrollo de patología pleuropulmonar, desde hace años se han realizado estudios para valorar la posible toxicidad de las FMA sobre el pulmón y la pleura.
Por otra parte, desde hace 2 décadas se tiene la capacidad de manipular la materia a nivel de nanoescala, y esto ha dado lugar a la aparición de nanopartículas, algunas de las cuales tienen estructura de fibra.
La posibilidad de que las nanofibras pudieran penetrar en el organismo por vía inhalatoria y causar patología respiratoria ha despertado así mismo preocupación, y en los últimos años también se han llevado a cabo estudios con el fin de valorar su patogenicidad.
Cuerpos ferruginosos o cuerpos de asbesto
Los cuerpos ferruginosos (CF) son fibras inorgánicas inhaladas que, tras depositarse en las vías respiratorias inferiores durante períodos de 4-6 meses, son recubiertas de ferroproteína.
Solo una minoría de las fibras inhaladas forman CF ya que éstos se forman únicamente sobre fibras largas mayores de 10µm6.
El atrapamiento del material extraño por una capa de hierro-glucoproteínas no es exclusivo del asbesto y se ha podido evidenciar en seres humanos con distintas partículas como talco, mica, carbono, tierra diatomácea, zeolita, carburo de silicio e incluso el mismo hierro7.
Con excepción de la zeolita, estos cuerpos ferruginosos distintos del asbesto por lo común se pueden distinguir por el aspecto de la fibra, la cual es delgada y traslúcida con el asbesto, y negra o coloreada y gruesa con otras partículas.
Dado que en más del 95% de los casos el material inorgánico presente en el interior del CF corresponde a una fibra de asbesto, en la práctica clínica los términos CF y cuerpo de asbesto suelen considerarse sinónimos7,8.
La mayoría de los CF miden de 2 a 5 µm de ancho y de 20 a 50 µm de longitud.
Su forma es muy variable según la longitud de la fibra, la cantidad y el patrón de depósito del revestimiento de proteínas-hierro, y si el cuerpo está entero o fragmentado.
Esto último ocurre a menudo y a veces se forman proyecciones bulbosas en ambos extremos de la fibra, lo que genera un aspecto en "palillo de tambor" (Figs. 1 y 2).
La mayoría de los CF son rectos y su centro habitualmente consiste en anfíboles, sobre todo amosita y crocidolita; es probable que la escasez relativa de centros de crisotilo sea el resultado de la tendencia de esta sustancia a disolverse y fragmentarse en formas que son demasiado cortas como para formar cuerpos9.
Por tanto, la concentración pulmonar de CF se correlaciona con la cantidad de fibras de anfíboles en el pulmón pero no con la cantidad de fibras de crisotilo10.
En los cortes tisulares, los CF se encuentran por lo común en los macrófagos y pueden estar ubicados en el tejido intersticial o en los espacios aéreos, pero también pueden estar presentes en los ganglios linfáticos hiliares y mediastínicos e, incluso, en órganos viscerales extratorácicos11.

Identificación de fibras en tejido pulmonar
Las técnicas microscópicas para el análisis de fibras en tejido pulmonar y lavado broncoalveolar han aportado información de gran interés para un mejor entendimiento de las enfermedades relacionadas con la inhalación de asbesto.
Estas pruebas sirven de ayuda para establecer una estimación individual de la exposición previa al amianto.
Un análisis mineralógico de la concentración de fibras intrapulmonares puede ser necesario en algunas ocasiones especiales, como por ejemplo cuando los datos obtenidos en la historia ocupacional sean poco relevantes o inconclusos.
Por todo ello, este tipo de estudios se utiliza cada vez más en trabajos clínicos y en la resolución de problemas medicolegales, pero la complejidad de alguno de ellos hace conveniente la creación de laboratorios de referencia que permitan la homogeneización metodológica y faciliten la comparación de resultados.
Las enfermedades pleuropulmonares relacionadas con la inhalación al asbesto son consideradas como de tipo profesional y, por tanto, están sujetas a una serie de requisitos legales para su reconocimiento y posible compensación.
Una historia de exposición con período de latencia adecuado, junto con un cuadro clínico-radiológico compatible, puede ser suficiente para el diagnóstico pero, en determinadas situaciones, como por ejemplo cuando los datos de exposición no son precisos, el análisis y detección de fibras de asbesto en muestras respiratorias o de tejido pulmonar puede ser aclaratorio.
Microscopía óptica y microscopía electrónica
Aunque la historia laboral es una herramienta útil para identificar la exposición previa al asbesto12, el hecho de que este mineral se haya utilizado en casi todos los sectores industriales y en más de 3.000 aplicaciones diferentes hace que, en ocasiones, la recogida de información sea difícil.
La MO es un método sencillo pero sólo permite detectar las fibras largas y los CF.
Las técnicas de microanálisis con ME constituyen el método más sensible para conocer la concentración de fibras en el tejido pulmonar; permiten contar e identificar a todas las fibras, pero son complejas y disponibles en muy pocos laboratorios6,20.
En más del 90% de ellos se utiliza la microscopía electrónica de transmisión por ser la de mejor resolución (MET).
| Método | Material analizado | Características principales |
|---|---|---|
| Microscopía óptica | Tejido pulmonar, esputo y lavado broncoalveolar | Es un método sencillo, pero sólo permite detectar las fibras largas y los cuerpos ferruginosos. |
| Microscopía electrónica | Tejido pulmonar | Permite contar e identificar todas las fibras, pero es compleja y está disponible en pocos laboratorios. |
| Análisis de energía dispersiva de rayos X | Muestras procesadas mediante microscopía electrónica | Permite identificar el tipo de fibra encontrada. |
Determinación de cuerpos ferruginosos en el tejido pulmonar
El análisis cuantitativo del tejido pulmonar representa el "gold standard" para conocer la concentración de CF en el pulmón, de ahí que sea la técnica recomendable para el estudio de las patologías relacionadas con el asbesto siempre que se disponga de muestras de tejido pulmonar3,6.
Para poder realizar el recuento de la concentración de CF en el pulmón se requieren muestras pulmonares de al menos mediano tamaño, por lo que no puede aplicarse sobre biopsias transbronquiales.
Estas muestras de 2-4 cm3 son sometidas a un proceso de secado a 60-70ºC durante 24 a 48 horas y después pesadas; posteriormente se les somete a un proceso de digestión química con hidróxido potásico o hipoclorito sódico al 5% y finalmente centrifugadas y filtradas a través de un filtro de policarbonato3,6,13.
Para realizar el recuento de los CF visualizados el material obtenido se examina mediante MO, y el resultado se expresa en número de CF por gramo de tejido pulmonar seco dividiendo el número de CF contados por el peso seco de la muestra.
La cuantificación de más de 1.000 CF.g-1 en tejido pulmonar seco se considera indicativa de exposición importante que puede originar enfermedad6,14,15.
Sin embargo, aun en presencia de enfermedad fibrótica con una carga elevada de fibras de asbesto, los CF pueden ser escasos o pueden estar ausentes en los cortes tisulares de algunos pacientes de tal forma que el cociente de las fibras de asbesto no revestidas identificadas mediante MO respecto a las identificadas mediante examen de ME puede variar desde alrededor de 7:1 hasta 5.000:1 según diferentes series8.
Identificación de cuerpos ferruginosos en esputo y lavado broncoalveolar
El estudio cualitativo o demostración de CF en las secreciones respiratorias realizado mediante MO tras centrifugación, y expresado como la presencia de CF, forma parte de la práctica habitual de todos los laboratorios de citología y en la práctica se considera suficiente para identificar a un paciente expuesto16.
Sin embargo, la sensibilidad del estudio de CF en el esputo o aspirado bronquial es muy baja, siendo sólo positivos aproximadamente el 50% de los casos en los que haya existido una intensa exposición ocupacional o laboral y siempre que presenten concentraciones de asbesto en el parénquima pulmonar capaces de causar enfermedad17.
Por otro lado, en nuestro país Pifarré y col16, estudiando mediante el análisis cualitativo de muestras de lavado broncoalveolar (LBA) una serie de 40 pacientes con exposición previa documentada al asbesto, obtuvieron una sensibilidad del 55% y una especificidad del 87%.
Esta baja sensibilidad obliga, según estos autores, a la realización en determinados casos de estudios cuantitativos de los CF en LBA para identificar correctamente a los pacientes con concentraciones de asbesto en el parénquima pulmonar potencialmente causantes de enfermedad y, de esa forma, reducir al mínimo el infradiagnóstico.
Diversos estudios han demostrado una buena correlación entre el análisis cuantitativo de los CF en LBA y la cantidad de CF existentes en el tejido pulmonar13,16,18,19.
La tabla 2 muestra los resultados de tres de estos estudios poniendo de manifiesto que una concentración >1 CF mL-1 en LBA se asocia con una alta probabilidad de tener más de 1.000 CF g-1 en tejido pulmonar seco; es decir una concentración >1 CF mL-1 en LBA es indicativa de exposición relevante al asbesto.
| Muestra | Resultado o umbral | Interpretación |
|---|---|---|
| Esputo o aspirado bronquial | Aproximadamente el 50% de positividad | La sensibilidad es muy baja incluso tras una intensa exposición ocupacional. |
| Lavado broncoalveolar | Sensibilidad del 55% y especificidad del 87% | El análisis cualitativo puede identificar exposición, pero no excluye todos los casos. |
| Lavado broncoalveolar cuantitativo | >1 CF mL-1 | Se asocia con una alta probabilidad de tener más de 1.000 CF g-1 en tejido pulmonar seco. |
| Tejido pulmonar seco | >1.000 CF.g-1 | Concentración indicativa de exposición importante que puede originar enfermedad. |
Identificación de fibras de asbesto en el tejido pulmonar
Únicamente en el 1% de las fibras de amianto depositadas en el parénquima pulmonar se forman CF debido a que, como ya se ha comentado, esto ocurre sobre fibras largas mayores de 10 µm y el resto de fibras y fragmentos menores no se recubren con facilidad.
Este hecho determina que puedan existir marcadas diferencias entre la concentración de CF y la de fibras en el tejido pulmonar3,13.
Por ello, en determinadas ocasiones puede ser recomendable la cuantificación de fibras de asbesto en el tejido pulmonar, como por ejemplo cuando la determinación de CF en trabajadores expuestos no demuestre concentraciones capaces de causar enfermedad, o en aquellos sujetos expuestos a fibras de crisotilo.
De todas formas, la necesidad de tener que disponer de muestras válidas de tejido pulmonar hace que este tipo de estudio sólo se realice en situaciones excepcionales.
Para la realización del microanálisis se efectúa previamente el secado y digestión del tejido, siguiendo el mismo procedimiento que el descrito para la medición de CF.
El número de fibras se cuenta mediante ME y su concentración se expresa en fibras por gramo de tejido pulmonar seco.
Un recuento mayor de 1.000.000 de fibras de más de una micra de longitud, o de más de 100.000 fibras superiores a cinco micras, por gramo de tejido pulmonar seco se considera como marcador de un depósito pulmonar elevado de asbesto, potencialmente causante de enfermedad pleuropulmonar3,6.
El tipo de fibra encontrada puede ser identificada mediante análisis de energía dispersiva de rayos X (EDXA), técnica que requiere de un aparataje específico para la preparación y procesado de la muestra.
La cuantificación de fibras de asbesto con ME, en comparación con los análisis rutinarios de CF por MO, está sujeta a una mayor variabilidad entre laboratorios.
En la figura 3 se resume los resultados obtenidos al analizar por cinco grupos de trabajo europeos seis muestras de tejido pulmonar mediante MET siendo evidentes las diferencias21.
Por ello, se hace necesario que estos estudios se realicen en centros con suficiente experiencia, siendo conveniente la creación de laboratorios de referencia que faciliten la homogeneización metodológica y la comparación de resultados6.

Fibras minerales artificiales y enfermedad respiratoria
Las fibras minerales artificiales son fibras producidas por el hombre usando materia inorgánica que se emplean ampliamente como aislantes térmicos y acústicos.
Incluyen básicamente el filamento continuo de fibra de vidrio, las lanas de vidrio, de roca y de escoria, y las fibras cerámicas refractarias.
Así mismo, en las últimas 2 décadas también se han desarrollado fibras a nivel de nanoescala, entre las que destacan los nanotubos de carbono por su gran conductividad eléctrica, resistencia mecánica y estabilidad térmica.
Tanto las fibras minerales artificiales como los nanotubos de carbono tienen propiedades que los hacen respirables y potencialmente nocivos, lo que ha conducido a la realización de estudios para valorar su patogenicidad.
Los estudios en animales para valorar los potenciales efectos de las FMA sobre el aparato respiratorio se han realizado en roedores, en especial ratas y hámsteres.
Estos últimos están considerados en la actualidad no idóneos o incluso inadecuados para valorar la toxicidad de las fibras en humanos debido a la arquitectura y a la ultraestructura de su pulmón, a la excesiva sensibilidad de su pleura y a la dificultad para desarrollar cáncer pulmonar cuando se exponen a polvos minerales y fibras biopersistentes1.
Las vías de administración empleadas han sido la intrapleural, la intraperitoneal, la inhalatoria y la instilación intratraqueal.
Existe debate sobre la idoneidad de utilizar la vía intrapleural y la intraperitoneal para valorar el riesgo carcinogénico de las fibras inhaladas, ya que estas vías de administración son diferentes de la vía de entrada habitual y evitan los mecanismos naturales de defensa del organismo.
Los estudios de instilación intracavitaria de diversos tipos de FMA han mostrado muy a menudo inducción de tumores, mayoritariamente mesoteliomas6,7, y de hecho se ha observado que a dosis suficientes todas las fibras minerales pueden provocar carcinogénesis8.
Sin embargo, esta alta patogenicidad constatada por dicha vía de administración no se ha demostrado en estudios epidemiológicos en personas ni en estudios en animales por vía inhalatoria.
Por estos motivos, hoy en día mayoritariamente se considera que los resultados de estudios bien diseñados a largo plazo cuya vía de administración es la inhalatoria son los más adecuados para predecir los efectos en la salud de las personas9.
Resultados según el tipo de fibra
Lana de vidrio
Dado que las fibras que proceden de filamentos continuos de fibra de vidrio se consideran no respirables por su tamaño, los estudios se han centrado básicamente en la lana de vidrio.
En un principio, la inhalación de fibras de lana de vidrio por ratones no evidenció carcinogénesis7,10-15.
Más recientemente, investigadores de la RCC16,17 confirmaron que la inhalación de 2 tipos distintos de fibras de vidrio en ratas durante 2 años no producía tumores ni tampoco fibrosis.
Son de mención especial 2 tipos de microfibras de lanas de vidrio más biopersistentes, la 475 y la E.
En un estudio de inhalación en hámsteres se observó que la fibra de vidrio 475 no indujo tumores pulmonares18 pero sí fibrosis pulmonar y un solo caso de mesotelioma.
Cullen et al.19, sin embargo, sí reportaron cáncer de pulmón, además de mesoteliomas, en ratas que estuvieron expuestas por vía inhalatoria a la fibra de vidrio E.
Lana de roca y lana de escoria
Varios estudios que habían evaluado la posibilidad de desarrollo de fibrosis o cáncer tras la inhalación crónica a estos tipos de lanas minerales obtuvieron resultados negativos7,12,14.
Además, un estudio más reciente llevado a cabo por la RCC, en el que se expuso a ratas a la inhalación nasal de un tipo de lana de roca y otro tipo de lana de escoria, tampoco evidenció desarrollo de neoplasias20.
En el caso de la lana de roca, sin embargo, las ratas expuestas desarrollaron mínima fibrosis.
Lanas de aislamiento de altas temperaturas
Dos fibras menos biopersistentes de reciente desarrollo, una lana de silicato alcalino-térreo (X-607) y una lana con bajo contenido en sílice y alto en aluminio (HT), se han utilizado en estudios de inhalación a largo plazo en ratas y no han producido ningún aumento significativo en la incidencia de tumores pleuropulmonares21.
Tampoco se ha observado desarrollo de tumores tras su administración intraperitoneal22.
Fibras cerámicas refractarias
Estudios iniciales mediante inhalación crónica constataron la aparición de fibrosis y tumores en roedores, aunque los resultados no fueron considerados fiables23,24.
Estudios posteriores de la RCC, basados en la inhalación de FCR a través de la nariz, también evidenciaron el desarrollo de fibrosis y tumores25-27.
Sin embargo, cuando estos estudios fueron analizados con posterioridad, se creyó que en ellos había sucedido el fenómeno lung overload (sobrecarga del pulmón)28.
Las ratas parecen susceptibles a este fenómeno, que consiste en que la llegada de una concentración elevada de partículas y fibras puede dificultar los mecanismos de aclaramiento pulmonar y provocar con mucha mayor facilidad inflamación y tumores.
Dicha concentración sería varias veces mayor a la posible exposición humana y no sería representativa de la encontrada en los lugares de trabajo.
Así pues, mientras que en las personas la exposición ocupacional es aproximadamente de 0,2 fibras/cm3 de aire29, en los estudios de inhalación en ratas se han utilizado exposiciones que van desde 100 a más de 1.000fibras/cm3.
Se considera hoy en día que son necesarios más estudios con una exposición a un menor número de partículas y fibras en animales de experimentación para valorar de manera adecuada estos resultados30.
Fibrosis pulmonar y fibras inhaladas
La fibrosis pulmonar es una afección en donde el tejido profundo de sus pulmones se va cicatrizando.
Esto hace que el tejido se vuelva grueso y duro. Esto dificulta recuperar el aliento y es posible que la sangre no reciba suficiente oxígeno.
Las causas de la fibrosis pulmonar incluyen contaminantes ambientales, algunos medicamentos, enfermedades del tejido conectivo o la enfermedad pulmonar intersticial (grupo de enfermedades que causan inflamación o cicatrización en los pulmones) pero en la mayoría de los casos, no se encuentra una causa.
Esto se llama fibrosis pulmonar idiopática.
Su doctor puede usar su historia clínica, pruebas por imágenes, una biopsia y/o pruebas de la función de los pulmones para diagnosticar la fibrosis pulmonar.
No existe una cura. Los tratamientos se centran en aliviar los síntomas y mejorar la calidad de vida.
Estos incluyen medicamentos, terapia con oxígeno, rehabilitación pulmonar o trasplante de pulmón.
Cuándo puede ser necesario investigar las fibras pulmonares
En resumen, en pacientes con enfermedades como el mesotelioma, una historia de exposición al asbesto con período de latencia adecuado normalmente suele ser suficiente para el diagnóstico y para adoptar las consideraciones medicolegales que de ello puedan derivarse.
En aquellos casos en los que la historia laboral no sea suficientemente precisa, o cuando se trate de enfermedades menos específicas como el cáncer pulmonar, puede ser necesario la realización de otros estudios.
De entre ellos, la determinación de fibras de asbesto en tejido pulmonar mediante microscopía electrónica es el que aporta mayor sensibilidad, pero el hecho de que se precisen muestras válidas de parénquima pulmonar hace que se realice en raras ocasiones.
Se ha demostrado que la cuantificación de cuerpos asbestósicos en muestras de lavado broncoalveolar, aunque con menor sensibilidad, guarda una buena correlación con el contenido de cuerpos asbestósicos en el tejido pulmonar, constituyendo una técnica útil para identificar a algunos sujetos con concentraciones de fibras en parénquima pulmonar suficientemente elevadas como para causar enfermedad.