La expresión «Juan Alberto Pinto Gacitúa, destape del alcantarillado» se relaciona con una trayectoria marcada por la vocación militar, la formación de comandos, el servicio en el Ejército de Chile y una vida estrechamente vinculada con la historia nacional. El material disponible presenta episodios autobiográficos, familiares y profesionales que permiten reconstruir el contexto de su carrera y de las experiencias que definieron su identidad.
Desde niño soñaba con volar. Le gustaban las alturas y mirar todo desde bien alto. También le atraía observar en detalle el Chile profundo, sus paisajes, los Andes y la loca geografía de su país.
Infancia, familia y primeros vínculos con el Ejército
La relación con la vida militar estuvo presente desde sus primeros años. Su familia mantenía vínculos con oficiales, regimientos y escuelas del Ejército, y esas experiencias influyeron progresivamente en sus decisiones.
En Ecuador cumplió su tercer y su cuarto año de edad, durante el período de destierro de su familia. Sus padres lo llevaron al destierro con su hermano mayor, Jorge. La adaptación al país y sus costumbres formó parte de esa etapa, marcada también por el exiguo sueldo que siempre ha caracterizado a la profesión militar.
Para ayudar a las familias con la dignidad correspondiente, su madre preparaba tortas y dulces que también vendía. En Ecuador establecieron amistad con el cónsul de Chile en Quito y otros chilenos.
El regreso del destierro en Ecuador ocurrió en 1942. La familia volvió a Chile y se instaló en Cerrillos, algo al sur de la ciudad de La Serena. Allí estudió con sacerdotes de la Congregación Barnabita italiana, como interno durante la semana y con permisos para regresar los fines de semana.
En ese período también tuvo contacto con la vida de los regimientos. Una tarjeta le permitía entrar a bañarse a la piscina del regimiento, y las actividades militares, las campañas y las maniobras de sus unidades comenzaron a formar parte de su entorno cotidiano.
El contexto político y militar de 1938
La historia familiar estaba vinculada con acontecimientos decisivos de la República. Durante la presidencia de Arturo Alessandri Palma, el León de Tarapacá, y posteriormente en el período relacionado con Carlos Ibáñez del Campo, surgieron tensiones políticas y militares que repercutieron directamente en su familia.
El año 1938 tampoco fue tranquilo en Europa. Francisco Franco iniciaba su dictadura y la ideología del nacionalsocialismo se había extendido por toda la Unión Soviética. Alemania incorporaba los Sudetes de Checoslovaquia al Estado alemán, mientras se consolidaba el eje Roma-Berlín, que culminó con la firma del Pacto de Acero.
En Chile se habían extendido rumores del descontento que existía en el Ejército. El Gobierno del Frente Popular y sus relaciones con el Ejército y sus oficiales generaban un ambiente de tensión institucional.
La denominada Masacre del Seguro Obrero ocurrió en la esquina Morandé, a 20 metros de La Moneda. Muchos de los protagonistas ya se habían rendido. El episodio quedó asociado a un período de fuerte confrontación política y a las repercusiones que tuvieron los movimientos militares de la época.
El «Ariostazo» y las consecuencias familiares
El general Ariosto Herrera fue respaldado por numerosos oficiales y clases. La situación provocó un juicio militar y una crisis que involucró a la División Santiago y al juez militar.
El Gobierno intentó reponer al general Herrera en los cargos perdidos. El movimiento incluía a los comunistas, que habían adquirido cada vez más fuerza, y se presentó como una disputa relacionada con el futuro de las instituciones de la República.
El padre de Juan Alberto Pinto Gacitúa servía en la Escuela de Artillería en Linares. Más tarde estuvo vinculado al Regimiento de Artillería N.º 1 «Tacna», junto con otros camaradas de armas, y llegó a ser comandante de una batería de artillería.
En una mañana decisiva, la unidad debía salir con la «Descubierta de Infantería». Sin embargo, no había movimiento alguno: la mayoría del personal se encontraba realizando labores de régimen interno y aseo de armamento.
El padre había decidido no sumarse a la asonada militar. Regresó al «Tacna» para informar el resultado de las conversaciones, y el movimiento militar terminó sin grandes alteraciones ese mismo día.
Los oficiales que apoyaron el «Ariostazo» fueron arrestados y sometidos a un juicio sumario que los dio de baja de las filas del Ejército. El padre permaneció ocho meses preso junto con otros cinco oficiales.
Las consecuencias afectaron a toda la familia. Sus padres llevaron a sus hijos al destierro en Ecuador, donde tuvieron que adaptarse a un nuevo país y a nuevas costumbres.
La formación de la vocación militar
La vocación militar no apareció como una decisión instantánea. La experiencia, esta vocación se forma y forja a través de los años. La Escuela Militar colaboró en la mejor formación de su vocación.
Una visita de la Escuela Militar a La Serena tuvo una influencia importante. Hubo desfiles y una gran presentación gimnástica que le llenó de entusiasmo. La institución se le presentó como un espacio de disciplina, preparación física, estudio y servicio.
A fines del año 1953, él y su hermano se presentaron al examen de admisión. La Escuela Militar era un establecimiento exigente, con cupos limitados y un régimen equivalente al Quinto Año de Humanidades.
La preparación incluía el manejo de armamento, disciplina, saludos militares, desfiles y otros conocimientos propios de la institución. Pero también había que estudiar.
Durante los años de formación vivió momentos duros y difíciles, pero también momentos de logros y alegrías. Como cadete fue designado brigadier y tuvo que desempeñarse como instructor de cadetes menos antiguos.
La Escuela Militar representó una etapa decisiva en la consolidación de sus objetivos profesionales. Más adelante sería cadete, brigadier y alférez en la misma Escuela, por lo que llegó a considerarse una especie de socio fundador.
La elección del arma de artillería
Al convertirse en subteniente de Ejército, los nuevos oficiales debían separarse por armas. Entre las alternativas se encontraban infantería, artillería e ingenieros.
Cuando un capitán le preguntó si sería oficial de infantería, respondió:
-“No, mi capitán, yo voy a elegir el arma de artillería. y mis tíos fueron de esa arma”.
La decisión estaba relacionada con su historia familiar. Sus tíos habían pertenecido a la artillería, y esa tradición influyó en su elección.
En 1957 prestó el juramento a la bandera como subteniente en el Regimiento «Chorrillos»:
“Servir fielmente a mi Patria... hasta rendir la vida si fuese necesario... ser un soldado valiente, honrado y amante de mi Patria”.
Su incorporación al arma de artillería le permitió poner en práctica los conocimientos adquiridos durante la formación. Tuvo que familiarizarse con las piezas, los goniómetros y los instrumentos de puntería.
El servicio en el norte de Chile
Su trayectoria profesional lo llevó al Regimiento «4.º», unidad relacionada con la historia de la Guerra del Pacífico contra Perú y Bolivia en 1879.
Se encontraban exactamente en el lugar desde donde el «4.º» inició el combate. La responsabilidad era considerable, porque se trataba de una unidad con una historia vinculada a la defensa nacional y a la frontera norte.
Las campañas y maniobras debían realizarse en el desierto. El norte de Chile era la puerta norte del país, y las actividades militares exigían resistencia, preparación y capacidad de adaptación.
Durante ese período también enfrentó situaciones personales difíciles. Su padre estaba muy enfermo y corría peligro de muerte. Como el traslado por tierra demoraba demasiado, solicitó autorización para viajar en una motocicleta que le habían prestado.
El permiso fue concedido, pero el viaje no pudo realizarse por aire, porque el mal tiempo impedía el desplazamiento y el avión no podría viajar hasta siete días más.
Finalmente, la familia se trasladó al Hospital Militar en Santiago. Su padre se encontraba muy mal y tenía graves problemas con el único hijo que le quedaba. Falleció el 22 de enero de 1961, cuando Juan Alberto Pinto Gacitúa cumplía 22 años.
El vuelo y la licencia de piloto privado
El deseo de volar permaneció presente durante toda su juventud. La participación de la selección chilena en el fútbol y el entusiasmo provocado por los acontecimientos nacionales también formaron parte del ambiente de esos años.
En 1962 se matriculó en el curso de piloto privado. Ese mismo año recibió de la Dirección de Aeronáutica de Chile su licencia de piloto privado, con la licencia N.º 4.350.
El año 1962 fue el que más voló en el Club Aéreo de Arica. Volaba en un monomotor Aeronca y sentía que estaba cumpliendo el viejo sueño de volar.
Desde el aire observaba los paisajes ariqueños y veía las cosas desde la perspectiva que da la altura. La experiencia reforzó su identificación con el cóndor y con la imagen de libertad asociada al vuelo.
Siempre quiso volar. Soñaba desde niño con elevarse, dominar el viento y contemplar desde arriba la geografía de Chile.
El cóndor como símbolo personal
Durante una experiencia de caída libre, ascendieron a una altura de unos siete kilómetros y se lanzaron sin abrir el paracaídas durante alrededor de dos minutos.
La caída libre permitió experimentar el desplazamiento hacia delante y hacia atrás, así como la orientación respecto del terreno. En ese momento comprendió que estaba volando.
Gritó muy fuerte y largo:
¡CÓOONDOOOR! ¡CÓOONDOOOR!
El cóndor se convirtió en una imagen recurrente de su identidad. Se preocupó de tener un cóndor real, auténtico, como una gran mascota.
El grito «¡Cóndor!» quedó asociado a la sensación de libertad, altura y dominio del espacio. Para él, al parecer, siempre estuvo el Cóndor.

La Escuela Militar y la instrucción de cadetes
Después de su experiencia en los regimientos y de su consolidación profesional, fue designado oficial de la Escuela Militar.
Para él era un honor ocupar ese cargo. La función era diferente de lo que había realizado en su naciente carrera militar, pues debía preparar a los futuros oficiales para que se incorporaran a la institución.
Había sido cadete, brigadier y alférez en la misma Escuela. Por esa razón sentía una relación especial con el establecimiento y con sus distintas generaciones de alumnos.
Como oficial de la Escuela Militar debía encargarse de aspectos relacionados con la formación, los permisos y los feriados de los cadetes. También podía ser una designación importante para su carrera militar.
El comandante de la Escuela, Aránguiz, y más tarde comandante en jefe del Ejército, recibió con buenos ojos su solicitud y le respondió:
“Conforme. significa ser un oficial de la Escuela Militar”.
Cuando se presentó en la Escuela, recordó que durante el «Ariostazo» su padre había pisado las mismas losas.
La gimnasia y la formación física
La actividad física ocupó un lugar destacado en su trayectoria. Durante su etapa como cadete, la gimnasia y el pentatlón contribuyeron a formar su disciplina y resistencia.
Como teniente fue jefe de la rama de gimnasia en aparatos. También participó en el equipo de pentatlón de la Escuela Militar.
En la formación de los cadetes fue importante el ejemplo de instructores y gimnastas destacados. Uno de ellos fue Rolf Wendjerot, considerado un verdadero modelo a seguir.
La gimnasia incluía ejercicios en paralelas y al salto. La preparación física complementaba la instrucción militar y exigía constancia, coordinación y control corporal.
El curso de comandos en Chile
El curso de comandos fue una de las experiencias más exigentes de su trayectoria. El coronel John Claybrook, un ranger o comando, tuvo una dedicación personal en la creación de esta especialidad.
Claybrook pertenecía al Ejército de Estados Unidos, cuya sede se encontraba en Panamá. Su experiencia contribuyó a organizar el primer curso regular de comandos realizado en Chile.
Hacer el curso de comandos fue realmente algo especial. Fue exigente, sacrificado y contó con una estricta planificación.
La instrucción se desarrollaba en canchas de entrenamiento. Incluía ejercicios de brazos y piernas, abdominales y trotes realizados al mismo tiempo.
Los alumnos debían aprender a planificar operaciones, calcular el abastecimiento y organizar la logística. También desarrollaban prácticas de combate y ejercicios de coordinación entre patrullas.
Una de las actividades consistió en una práctica bastante real de una emboscada a una columna motorizada. El objetivo era que los equipos de la patrulla detuvieran la columna.
En la operación formaban dos oficiales y el cabo Vladimir Valdebenito. En el momento decisivo pasaron al asalto, mientras se escuchaban ráfagas de ametralladora gatilladas por los equipos de apoyo.
Después del objetivo debían dirigirse a un punto de reunión. El ejercicio tenía una planificación precisa y exigía actuar con rapidez bajo presión.
Accidentes y riesgos durante la instrucción
La rigurosidad del curso implicaba riesgos reales. Durante un ejercicio, un proyectil de fogueo disparado a quemarropa impactó el pecho de Valdebenito e hirió de muerte su corazón.
El lugar donde falleció se convirtió en un sitio recordado y fue visitado muchas veces en compañía de su familia.
Los participantes recibían un trato de gran hostigamiento y rigurosidad. Si cometían alguna falta, eran castigados severamente dentro del mismo campo.
Los ejercicios debían llevarse a efecto bajo condiciones difíciles. En una de las prácticas, los alumnos tenían que encontrar la manera de soportar el frío de la noche y superar las condiciones del terreno.
La evasión del campo de prisioneros
Una de las pruebas consistía en escapar de un campo de prisioneros. La situación exigía aprovechar el terreno, ocultarse y evitar la vigilancia de los guardias y de los perros.
La estrategia consistió en permitir que los guardias se despreocuparan de él. Después comenzó a desplazarse entre arbustos y árboles hasta lograr desorientarlos.
Los perros se utilizaban para ayudar a los guardias en la custodia del campo. El escape requería moverse cuidadosamente entre las piedras y el follaje.
Tras un largo rato, los perros perdieron su rastro. La noche estaba clara y muy despejada. Para orientarse, salió de los cerros y ubicó la Cruz del Sur entre las estrellas.
Bajó del árbol e inició la marcha en esa dirección. El objetivo era alcanzar la cuesta de Chacabuco, camino a la ciudad de Los Andes.
También conocía el campo militar de Peldehue, donde su padre había sido jefe del campo militar. Esa referencia geográfica resultó importante para orientarse y avanzar.
Cuando llegó se encontraba sucio y tenía mucha hambre. Después de comer y bañarse, durmió varias horas.
Una vez repuesto y limpio, se presentó al jefe del curso de comandos. La prueba de aplicación en campo de prisioneros había terminado.

La graduación como comando
En noviembre de ese año, los instructores del Ejército de Estados Unidos y los alumnos recibieron una noticia que los impactó profundamente: el asesinato de John F. Kennedy.
A pesar de la conmoción, el curso continuó hasta completarse. Finalmente pudieron efectuar la graduación.
Los participantes recibieron las insignias que los acreditaban como comandos del Ejército de Chile. La formación culminó con un reconocimiento especial.
En una ceremonia realizada en nombre de la Escuela Militar, obtuvo el primer puesto. El curso de comandos alcanzó un prestigio bien ganado.
Entre los cadetes vinculados a la Escuela se encontraban Juan Emilio Cheyre Espinoza y Patricio Hales Dib, quien posteriormente fue diputado del Partido por la Democracia.
El intercambio con el Ejército de Estados Unidos
En 1963 participó de un programa de intercambio de oficiales con el Ejército de Estados Unidos.
El destino fue el 8.º Grupo de Fuerzas Especiales del Ejército de Estados Unidos. La experiencia se desarrolló en el ambiente estadounidense del canal de Panamá.
Al llegar al aeropuerto se encontró con el clima húmedo y caliente característico de la zona tropical. No estaba acostumbrado a esas condiciones y tuvo que adaptarse.
Durante el intercambio utilizó el uniforme del 8.º Grupo de Fuerzas Especiales. El Ejército de Estados Unidos organizaba períodos de entrenamiento que podían extenderse durante jornadas enteras.
En esos ejercicios los participantes se convertían en fuerza de contraguerrilla. En una de las actividades le correspondió hacer de guerrillero.
El entrenamiento incluía desplazamientos, reconocimiento del terreno, acciones de combate y operaciones vinculadas con la defensa de instalaciones estratégicas.
El canal de Panamá y la misión de explosivos
Durante una práctica cruzaron un puente que pasaba por sobre el canal Francés. Ese canal había sido el primer intento de construir lo que es hoy el canal de Panamá.
Las obras habían provocado grandes dificultades y los obreros tuvieron que padecer condiciones muy duras.
La operación partía desde el campamento base. El desenvolvimiento por tierra exigía avanzar con precaución y mantener la coordinación del grupo.
El sargento Peter Donahue, experto en explosivos, ofreció participar en la misión. Juan Alberto Pinto Gacitúa también se presentó voluntariamente.
El capitán Perry dudó en aceptar su ofrecimiento, porque conocía los problemas con los que se podían encontrar.
La misión exigía preparación, disciplina y capacidad de actuar en un entorno tropical distinto al chileno. La experiencia internacional amplió su formación como oficial y consolidó sus conocimientos en operaciones especiales.
Fuerzas Especiales - Curso fluviales internacionales en Panamá
Servicio, memoria e identidad militar
La trayectoria descrita está marcada por el servicio a la patria, la disciplina y la memoria familiar. Los principios aprendidos durante su carrera fueron fuertemente reforzados por las experiencias en la Escuela Militar, los regimientos, el curso de comandos y el intercambio internacional.
Su historia también se relaciona con las transformaciones políticas de Chile y con los momentos de tensión que atravesaron las instituciones de la República.
Durante décadas estuvo en la primera línea, en el momento preciso. Conservó en la memoria los acontecimientos que marcaron a su familia, a su institución y a su país.
Para él, la patria estaba vinculada con las armas, el Ejército de Chile, la familia, los amigos y cada recodo del camino. También expresaba gratitud por la vida, por Dios y por la posibilidad de haber servido a su querido país.
La imagen del cóndor resume buena parte de esa identidad: altura, libertad, observación y vínculo con la geografía chilena. El vuelo, el paracaidismo, la artillería y las fuerzas especiales aparecen como distintas expresiones de una misma vocación de servicio y superación personal.