Anita Malfatti: pinturas, etapas y legado de la primera modernista de Brasil

Anita Malfatti fue una de las más importantes artistas brasileñas modernas y una figura decisiva para la introducción del modernismo en Brasil. Su obra vanguardista y audaz rompió las normas tradicionales y puso en jaque la percepción conservadora del quehacer artístico que se tenía en Brasil durante las primeras décadas del siglo XX.

La importancia de las mujeres artistas en el arte de Latinoamérica es evidente cuando estudiamos su historia. En los albores del siglo XX todavía existía un predominio de pintores varones, aunque las mujeres, en cuentagotas, comenzaban a ganar espacio. Esto se explica a partir de las restricciones que enfrentaban las mujeres: las academias de arte limitaban su acceso y las expectativas sociales las relegaban a la vida doméstica y a una vida social limitada.

A pesar de estos obstáculos, algunas pioneras como la brasileña Anita Malfatti fueron capaces de sintetizar los profundos cambios expresados durante esos años. Principalmente, porque introdujo el modernismo en Brasil, una acción que despertaría “olas” imparables que se extenderían a toda América Latina.

Anita Malfatti, retrato de la artista brasileña

Infancia, familia y formación artística

Anita Malfatti nació en São Paulo en 1889, en una familia con raíces europeas, puntualmente italianas. Su padre era italiano y su madre estadounidense; esta última era profesora de arte y de lenguas, por lo que Anita estuvo ligada desde muy joven al mundo de la creación y la enseñanza.

Una atrofia congénita en su brazo derecho le hizo aprender a pintar con la mano izquierda, pero no impidió que siguiera adelante con la pintura hacia la que sintió una clara disposición desde muy joven.

Desde muy pronto, alentada por su madre, mostró un gran interés por la pintura. Una de sus primeras obras conocidas, Primeira tela, data de 1909.

Con el apoyo económico de su familia, en 1910 viajó a Berlín para estudiar arte en la Real Academia de Bellas Artes. En la Academia Real de Berlín asistió durante tres años a clases de grabado, pintura y diseño.

En Alemania trabajó junto a pintores como Lovis Corinth, quien ya había ido del impresionismo al expresionismo, y conoció a los principales maestros de esta corriente. Las nuevas técnicas aprendidas durante ese periodo se manifestarían claramente en su obra.

Al profundizar su trabajo con las artes plásticas, su curiosidad se extendió hacia la pintura europea. El contacto con las corrientes de vanguardia que predominaban en Europa, como el expresionismo y el cubismo, sería central para definir su estilo.

El viaje a Nueva York y el contacto con el cubismo

Durante la Primera Guerra Mundial se instaló por una temporada en Nueva York, donde trabaría amistad con Duchamp. Tras su vuelta a Brasil pasó nuevamente a Nueva York, donde conocería, además de a Duchamp, a otros artistas y a Homer Boss, de la Escuela Independiente de Arte.

En 1915 se desplazó a Nueva York para estudiar con Homer Boss, cuya obra había conocido gracias a una exposición que había visitado en Colonia. Las enseñanzas de Boss tuvieron un gran impacto en la obra posterior de Malfatti, sobre todo en lo relativo al estudio de la anatomía.

También fue en Nueva York donde tomó contacto con el cubismo. En esta ciudad realizó un gran trabajo sobre el estudio de la anatomía y allí pintaría obras consideradas el punto culminante de su carrera, como A Boba y Torso.

Las obras de esta época se encuentran entre el expresionismo y el cubismo, aunque sería el primero el que iba a dominar en sus lienzos. Su obra de colores en combinación libre y con distorsión de las figuras fue duramente criticada.

Anita Malfatti, A Boba y Torso

La primera exposición y el impacto de sus pinturas

Todas sus exposiciones serían controvertidas, desde aquella primera realizada en Brasil después de su regreso en 1914, que provocaría una sacudida en el arte.

Cuando volvió definitivamente a Brasil, organizó su segunda exposición, ya que la anterior había sido en 1914. La segunda exposición individual de Malfatti, Exposição de Pintura Moderna, tuvo lugar en São Paulo entre el 12 de diciembre de 1917 y el 11 de enero de 1918.

La exposición individual exhibió 53 obras, entre ellas 28 paisajes y retratos, 10 grabados, cinco acuarelas, así como dibujos y caricaturas. A pesar de haber seleccionado cuidadosamente sus obras y de omitir aquellas que podrían haber resultado demasiado chocantes, entre ellas varios desnudos, fue duramente criticada por sus innovaciones, consideradas completamente ajenas a la tradición brasileña.

Hasta entonces, la ciudad de São Paulo solo había albergado exposiciones de arte de carácter académico. La muestra estuvo formada por obras inusuales para la época, con formas distorsionadas y perspectivas provocadoras.

Entre las obras expuestas estaban A Boba y O Homem Amarelo, totalmente alejadas de las representaciones académicas y tradicionales. Esto provocó estupor en una amplia porción de la sociedad.

Aspecto de la exposiciónDatos
CiudadSão Paulo
Periodo12 de diciembre de 1917 y 11 de enero de 1918
Número de obras53 obras
Paisajes y retratos28
Grabados10
Acuarelascinco

La crítica de Monteiro Lobato

La exposición de diciembre de 1917 recibió duras críticas del entonces conservador Monteiro Lobato. Según el curador, la exposición fue recibida inicialmente con asombro y curiosidad, con intensas visitas y la venta de ocho cuadros expuestos.

Después de la publicación de la reseña de Monteiro Lobato titulada A propos da exhibición Malfatti, en el periódico O Estado de S. Paulo el 20 de diciembre de 1917, gran parte del público estuvo de acuerdo con las ideas del reconocido autor, provocando la devolución de cinco obras compradas.

El crítico Monteiro Lobato comparó cruelmente sus cuadros con los realizados por los internos de un manicomio. En otro texto, su crítica afirmaba: “No cabe a la crítica hablar de este cuadro porque no lo entiende; la crítica en este pormenor corre a la par con el público que tampoco lo entiende. Creemos que los artistas autores los entienden tanto como la crítica y el público. En el medio de ese entendimiento general lo mejor es quitarse el sombrero y pasar adelante”.

Desde entonces, el nombre de Anita quedó asociado al de Lobato. El rechazo a los nuevos movimientos hizo que las críticas se centraran en ella y, aunque recibió el apoyo de jóvenes intelectuales, esas críticas la marcaron profundamente.

Esto causaría en ella tal confusión que dejaría de pintar. Sin embargo, otros críticos, como el poeta Oswald de Andrade, muy cercano a los futuristas, la defendieron.

Las pinturas de Anita Malfatti y sus principales temas

A través de sus retratos, paisajes y obras de carácter introspectivo, Malfatti introdujo en Brasil una nueva manera de ver el arte. La exposición de sus pinturas estuvo marcada por la libertad del color, la distorsión de las figuras y el alejamiento de las reglas académicas.

El hombre amarillo

El hombre amarillo es una de las obras más conocidas de la etapa expresionista de Malfatti. La pintura se aparta de la representación académica y tradicional mediante una figura de fuerte presencia cromática y una construcción visual provocadora.

La mujer de los cabellos verdes

La mujer de los cabellos verdes forma parte del conjunto de pinturas que muestran la inclinación de Malfatti hacia la deformación expresiva y las combinaciones cromáticas libres.

El faro

El faro, de aproximadamente 1916, es un óleo sobre lienzo de 46,3 x 61 cm. La obra pertenece al periodo en el que la artista desarrolló paisajes vinculados con el lenguaje expresionista.

Tropical

Tropical, de aproximadamente 1916, destaca entre las obras relacionadas con el interés de la artista por los temas nacionales. La pintura forma parte de una etapa en la que Malfatti combinó las influencias de las vanguardias internacionales con asuntos vinculados a Brasil.

El japonés

El japonés, realizado entre 1915 y 1916, integra el conjunto de obras creadas durante el periodo de formación y experimentación de la artista.

Torso y A Boba

En Nueva York, Malfatti realizó las obras consideradas el punto culminante de su carrera, A Boba y Torso. Ambas se relacionan con el estudio de la anatomía, el expresionismo y el cubismo que caracterizaron sus investigaciones de ese periodo.

Pinturas de Anita Malfatti, El hombre amarillo y Tropical

El Grupo de los Cinco y la Semana de Arte Moderno

Poco a poco, Malfatti se sobrepuso y volvió a la normalidad retomando la pintura. Como no podía ser de otra manera, tomó parte activa en la Semana de Arte Moderno realizada en 1922.

La Semana de Arte Moderno congregó a artistas, escritores y poetas y marcó el inicio de un movimiento que buscaba celebrar la identidad brasileña. Fue un quiebre: desde entonces, los artistas del país encontraron un estilo propio, enriquecido por sus raíces y al mismo tiempo conectado con las vanguardias.

La Semana de Arte Moderno de 1922 tuvo en Malfatti una de sus principales impulsoras. En ella colaboraron artistas plásticos, poetas y narradores, en una tentativa de romper con un academicismo europeo y de descubrir el alma brasileña.

En 1922, Malfatti tomó parte en la Semana de Arte Moderno de São Paulo y formó parte del Grupo de los Cinco, junto con Tarsila do Amaral, Mário de Andrade, Oswald de Andrade y Menotti del Picchia.

Malfatti tuvo una relación muy estrecha con Tarsila do Amaral y con el escritor Mário de Andrade, con quien mantuvo amistad hasta la muerte de este. Entre los participantes y colaboradores también estuvieron el pintor Di Cavalcanti y otros artistas e intelectuales.

Pese a todo, la exposición de 1917 atrajo la atención de jóvenes artistas que, inspirados por su audacia, fundaron el movimiento modernista brasileño. Entre ellos se encontraban Tarsila do Amaral y Oswald de Andrade, quienes se convertirían en figuras clave del modernismo en Brasil.

La obra de Malfatti no progresó por el camino revolucionario que había iniciado, pero sirvió para que un grupo de jóvenes artistas abrazaran esas ideas revolucionarias modernistas y se rebelaran contra las ideas academicistas.

El viaje a París y el cambio de estilo

En 1923, gracias a una beca del Pensionado Artístico del Estado de São Paulo, Malfatti viajó a París. Allí coincidió con Tarsila do Amaral y Oswald de Andrade, así como con Victor Brecheret, Paulo Prado y Emiliano Di Cavalcanti.

Con una beca del Gobierno viajó a París en 1923. Allí también coincidiría con Di Cavalcanti, Tarsila y Oswald de Andrade, así como con los intelectuales del momento.

Tras los años de estudio en París comenzó una fase más naturalista, en la que produjo paisajes europeos. En esta etapa abandonó el expresionismo y dejó de lado los colores violentos que habían caracterizado su obra hasta entonces, iniciando una carrera artística más convencional.

Entre las pinturas de esta fase se encuentran los óleos Puerto de Mónaco, de aproximadamente 1925, y Paisaje pirenaico, Cauterets, de 1926.

También realizó acuarelas como Venecia, Canal, de aproximadamente 1924, y Vista del Fuerte Antoine en Mónaco, de aproximadamente 1925. A este conjunto se suman dibujos de desnudos realizados con líneas finas y suaves durante la década de 1920, además de Interior de Mónaco.

El regreso a São Paulo y la madurez artística

En 1928 regresó a São Paulo y participó en las actividades del grupo modernista. De regreso a su país siguió pintando, organizó muestras de pintura y ofreció clases de enseñanza.

En 1937 fue directora de la Unión de Artistas Plásticos. Años más tarde, Malfatti también dictó clases de pintura y cursos de Historia del Arte.

En las décadas siguientes, la pintora depuró su estilo y su técnica, pasando de una expresión más radical a una más sobria y madura, pero siempre con esencia modernista.

Después de la Segunda Guerra Mundial su obra dio un giro y se volvió más espontánea y con mayor carga de fantasía. En los últimos años de su vida parece que encontró la paz con una obra que pasó a mostrar una factura entre ingenua y folklórica, centrada mucho más en retratos, flores y paisajes.

Las pinturas de las décadas de 1930 y 1940

La tercera parte de la trayectoria de Malfatti recoge obras realizadas en las décadas de 1930 y 1940, época en la que la artista se dedicó a retratar a familiares, amigos y miembros de la élite, así como a representar temas populares.

Destacan las obras Liliana María, realizada entre 1935 y 1937, y Retrato AMG, de aproximadamente 1933, que presenta a su sobrina y a su amigo Antônio Marino Gouveia, ambos con tratamiento naturalista.

En Liliana María, el fondo neutro es sustituido por un paisaje de estilo renacentista. En Retrato AMG registra uno de sus cuadros que perteneció a la colección del tema.

En esta etapa también se presentan paisajes interiores y temas populares, como Trenecito, de la década de 1940, La samba, de aproximadamente 1945, y En la puerta de ventas, de las décadas de 1940 y 1950.

Anita Malfatti, retratos y paisajes de madurez

Una exposición retrospectiva y el reconocimiento institucional

En 1949 se realizó en São Paulo la primera retrospectiva de su obra.

La artista participó en la Primera Bienal de Artes de São Paulo. En 1963, la Bienal dedicó una sala completa a la obra de Anita Malfatti y la hizo su invitada de honor.

El Museo de Arte Moderno de São Paulo inauguró la exposición Anita Malfatti: 100 años de arte moderno, presentando alrededor de 70 obras que representaban la trayectoria de una de las figuras más importantes del arte brasileño del siglo XX.

Expuesta entre el 8 de febrero y el 30 de abril, la exposición fue curada por Regina Teixeira de Barros y destacó, sobre todo, pinturas y dibujos que marcaban diferentes momentos de la producción de la artista, además de revisar el legado de Malfatti como pionera en las artes visuales.

Para retratar la vasta producción de la pintora, diseñadora, grabadora y docente Anita Malfatti, la curadora Regina Teixeira de Barros concibió la exposición como un homenaje al centenario de la exposición inaugural del modernismo brasileño, una exposición individual.

La exposición de 1917 como detonante del modernismo brasileño

Han pasado cien años desde la exposición de arte moderno de Anita Malfatti, que cambió el curso de la historia del arte en Brasil. Fue la primera exposición reconociblemente moderna realizada en el país y es considerada el detonante de la Semana de Arte Moderno de 1922.

Celebrada en el centro de São Paulo entre el 12 de diciembre de 1917 y el 10 de enero de 1918, la exposición presentó una ruptura con el sistema académico que dominaba la vida artística de la ciudad.

La muestra del Museo de Arte Moderno presentó dibujos y pinturas que ilustraban retratos, paisajes y desnudos de tres fases distintas de la trayectoria artística de Malfatti, junto con fotografías y documentos de la época, como cartas, invitaciones y catálogos.

La exposición comenzaba con un conjunto de obras creadas en Alemania, seguido de retratos y paisajes expresionistas expuestos en 1917, que tuvieron gran impacto en el hasta entonces tradicional ambiente paulista.

Entre los óleos sobre lienzo destacados se encontraban El japonés, realizado entre 1915 y 1916; Un estudiante, de 1915-1916; Ay farol, de 1915; y Paisaje amarillo, Monhegan, de 1915.

Entre la primera y la segunda parte de la exposición destacaba el interés por los temas nacionales, con obras famosas como Tropical, de aproximadamente 1916; El hombre de siete colores, de 1915-1916; y Figura femenina, de 1921-1922.

En el segundo núcleo se presentaban los frutos de los años de estudio en París, que representaban una fase más naturalista. Allí se incluían paisajes europeos, acuarelas y dibujos de desnudos realizados con líneas finas y suaves durante la década de 1920.

La tercera sección reunía las obras de las décadas de 1930 y 1940, con retratos de familiares, amigos y miembros de la élite, además de escenas populares, paisajes interiores y composiciones de carácter folklórico.

La importancia de Anita Malfatti en el arte latinoamericano

La obra de Anita no podía dejar indiferente a nadie, como sucedió con muchos expresionistas. En general fueron artistas que despertaron una admiración total o, por el contrario, un fuerte rechazo. No había término medio.

En el caso de Malfatti, su obra no fue tan radical como la de otros expresionistas, pero resultó suficientemente innovadora para conmocionar el mundo artístico de São Paulo y, sobre todo, para despertar el enfado de los círculos conservadores.

Las críticas consiguieron que su valentía artística fuera sustituida por una actitud mucho más moderada y que se centrara en temas menos representativos que los de la vanguardia. Sin embargo, su primera etapa fue suficiente para transformar el debate artístico brasileño.

“Es, sin duda, una artista única, en sintonía con su época y con distintos aspectos del modernismo que ella ayudó a construir”, escribió sobre ella Regina Teixeira de Barros.

Anita Malfatti se consolidó como la primera artista verdaderamente moderna del país y fue directamente responsable del evento que marcó el inicio del modernismo en Brasil.

En sus últimos años se volcó a temas más populares y regionales. Aunque las pinturas posteriores no alcanzaron la repercusión de sus primeros trabajos, su labor ya estaba hecha. Desafió más de una adversidad, entre las cuales no fue menor la de superar las expectativas que, a causa de su género, se tenían de ella.

No se suponía que una jovencita de poco más de veinticinco años pintara de una forma tan “agresiva”. Es muy probable que se esperase de ella un modo de pintar “femenino”, que se adecuara a la “normalidad” patriarcal del Brasil de inicios de siglo y que, en consecuencia, su obra se diluyese en lo ordinario.

La exposición que llevó a cabo en São Paulo entre 1917 y 1918 fue controvertida porque, tanto por el estilo como por los temas abordados, resultó revolucionaria para las expectativas artísticas de los brasileños.

Anita Malfatti murió en São Paulo en 1964, pasando a la historia del arte como una de las mujeres artistas que más peso han tenido en la historia del arte americano.

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