Las dunas de Concón constituyen un sistema geomorfológico dinámico y altamente sensible a la intervención humana. Además de su valor paisajístico, explica Gabriel Muñoz, abogado del Movimiento Duna Viva, “las dunas cumplen funciones ecológicas y físicas relevantes, como la regulación natural de escurrimientos de agua, la estabilización de suelos y la mantención de hábitats para flora y fauna especializada”.
Durante las últimas décadas, el campo dunar de Concón ha sido un espacio de tensión entre inmobiliarias y ambientalistas. El debate enfrenta el desarrollo económico, con inversiones millonarias, y la protección de un entorno ambiental considerado frágil.
La discusión se intensificó después de los dos enormes socavones que, primero el 22 de agosto y luego el 10 de septiembre, se registraron a pocos metros del edificio Kandinsky, levantado sobre el campo dunar de Concón en el sector de Cochoa, en la comuna de Viña del Mar.
La grave situación obligó a evacuar a más de 200 habitantes de este y otros tres inmuebles colindantes y a adoptar acciones de emergencia para evitar el derrumbe de las estructuras. También dio paso a una serie de estudios e investigaciones para aclarar las causas y responsabilidades detrás de este hecho, además de buscar soluciones al problema.
Los socavones son señales de colapso que están dando las dunas de Concón. Se las considera dunas colgantes porque no están asociadas a ninguna playa, sino que están suspendidas a varios metros de altura sobre acantilados de roca.

Un campo dunar milenario y de alto valor ecológico
Las dunas de Concón son un campo dunar milenario, formado por sedimentos del pleistoceno y el holoceno. Esto las hace un patrimonio geológico único para la costa central del país.
Para contextualizar adecuadamente el tema, primero es necesario conocer cuáles son las principales características de los campos dunares en Chile y qué servicios ecosistémicos entregan a su entorno.
Carolina Martínez, directora del Observatorio de la Costa y Doctora en Geografía, expone: “Los campos dunares son ecosistemas de alto valor natural, que están agrupados en distintos tipos de familias. Su principal característica es que conforman una compleja interacción entre oleaje, playa y duna, donde los sedimentos que conforman estos campos dunares son aportados por corrientes litorales, sedimentos que son traspasados a la playa, y luego redistribuidos y desplazados a partir del viento”.
“De esta forma, el medio marino y los vientos van transportando los granos de arena que luego son fijados, por ejemplo, por la vegetación pionera, formando los primeros montículos de dunas que se denominan ‘dunas primarias’”.
“A medida que se va dando una cierta dinámica eólica y se presentan las condiciones de aporte de sedimento, a partir de esas dunas primarias se van formando las dunas secuenciales, que forman la mayor parte de las dunas libres en el país”.
La investigadora del CIGIDEN, Centro de Investigación para la Gestión Integrada del Riesgo de Desastres, y SECOS, Instituto Milenio en Socio-Ecología Costera, añade que las dunas cumplen una función principal en la regulación del clima, “incidiendo también en las reservas de agua que se presentan principalmente en los humedales interdunares, y también en la conexión con las napas freáticas de las cuencas que aportan sedimentos locales”.
Además, concentran una alta biodiversidad, incluyendo flora y fauna con altos niveles de endemismo, y sirven como hábitat y espacio de anidación para las aves migratorias.
El Movimiento Duna Viva las caracteriza como “el hogar de más de 300 especies de flora y fauna nativa que conforman un ecosistema que ha logrado sobrevivir por miles de años, y que alberga a una cantidad importante de especies migratorias”.
“Junto con todo esto son fundamentales para mitigar amenazas naturales recurrentes en el país, así como para eventos extremos derivados del cambio climático, siendo capaces de disipar la energía de fenómenos como tsunamis o marejadas”, destaca la también académica de la Universidad Católica.
De igual manera, subraya el alto valor paisajístico de los campos dunares y la importancia tanto espiritual como económica para las comunidades costeras que habitan estos territorios, muchas de ellas desde tiempos ancestrales.
Tal como cualquier otra duna, las dunas de Concón cumplen importantes funciones ecológicas dentro del ecosistema costero. Estas dunas “son casi únicas en la costa central y son una rareza en países que no tienen márgenes continentales activos donde se producen terremotos”.
Protección legal del campo dunar
Las Dunas de Concón fueron declaradas mediante Decreto Nº481 en 1993 por el Ministerio de Educación como Santuario de la Naturaleza, haciendo efectiva la protección de 44 hectáreas del campo dunar.
Sin embargo, un año después de esta acción y bajo las presiones de la empresa propietaria de las dunas, Inmobiliaria “Sociedad Urbanizadora Reñaca Concón S.A.”, Reconsa, la superficie protegida fue disminuida a 12 hectáreas, por medio del Decreto Nº106, promulgado en 1994.
En este contexto, cabe destacar que la empresa propietaria compró los terrenos dunares a la antigua Caja de Empleadores Particulares, bajo el nombre de empresa “EGECO”, compraventa realizada mediante hipoteca y que hasta la actualidad no ha sido solventada en su totalidad.
Ante la preocupación y presión por parte de la comunidad, en 2006 se amplió la protección del campo dunar mediante Decreto Nº2131 a 21,8 hectáreas, de las cuales 2,3 corresponden a la comuna de Viña del Mar y 19,5 a la comuna de Concón.
Entre suma y resta, quedaron 31 hectáreas de propiedad de Reconsa sin proteger.
En este contexto, la empresa firma un acuerdo con la Municipalidad de Concón, donde 19,5 ha quedarían protegidas y otras 9,7 ha desprotegidas.
Finalmente, a través del Decreto Nº45, promulgado el 26 de diciembre de 2012, gracias a la solicitud realizada por el Municipio de Concón y presionados por la organización Red Duna Libre, se da paso a derogar los antiguos decretos relacionados con la protección y/o modificación del área protegida, reconociendo como Santuario de la Naturaleza un espacio de 30 ha.
Este decreto instruyó al Ministerio del Medio Ambiente a mantener directrices sobre la Municipalidad de Concón, para desplegar las acciones concretas que hicieran efectiva la conservación del área, así como determinar la zona de amortiguación propuesta.
En 2017, el Plan Regulador de Concón, PRC, es actualizado y se incluye la figura de Santuario de la Naturaleza, además de clasificar la sección del campo dunar que no se encuentra bajo protección de esta figura como Zona de Área Verde, que corresponde a 20,1 ha.
Esta estrategia de ordenamiento consiguió prohibir la construcción de viviendas. Sin embargo, previo a la actualización del PRC, la empresa Reconsa S.A. había ingresado cuatro anteproyectos a la Dirección de Obras Municipales, los cuales podrían construirse ya que se rigen con el PRC anterior.
Evolución de la superficie protegida
| Año | Medida | Superficie mencionada |
|---|---|---|
| 1993 | Declaración como Santuario de la Naturaleza mediante Decreto Nº481 | 44 hectáreas |
| 1994 | Restricción del área protegida mediante Decreto Nº106 | 12 hectáreas |
| 2006 | Ampliación mediante Decreto Nº2131 | 21,8 hectáreas |
| 2012 | Reconocimiento mediante Decreto Nº45 | 30 ha |
| 2017 | Actualización del Plan Regulador de Concón | 20,1 ha como Zona de Área Verde |
La presión inmobiliaria sobre las dunas
Desde el movimiento Duna Viva, que ha luchado durante años para lograr proteger la parte del campo dunar que aún se mantiene sin edificios, sostienen que a pesar de la aprobación de los proyectos el campo dunar sigue siendo un ecosistema único, frágil y amenazado por la presión inmobiliaria.
Pero hoy, este ecosistema convive con un paisaje dominado por un boom inmobiliario que ha avanzado sobre el borde costero de Reñaca Norte y Concón, abriendo un debate entre el desarrollo económico, con inversiones millonarias y la protección de un entorno ambiental considerado frágil.
Para Muñoz, “la construcción de proyectos inmobiliarios de gran escala en su entorno inmediato altera inevitablemente ese equilibrio, aumentando la presión sobre el santuario y fragmentando un sistema ecológico que ya se encuentra reducido respecto de su extensión original”.
En 2026, el Comité de Ministros aprobó dos proyectos que habían sido previamente rechazados por la Comisión de Evaluación Ambiental de Valparaíso, revirtiendo decisiones técnicas adoptadas en la región y poniendo en entredicho el compromiso institucional con el sistema de evaluación ambiental.
Estas decisiones parecerían retomar la presión inmobiliaria que siempre ha pesado sobre el campo dunar, y que se vio interrumpida luego de los dos enormes socavones que dejaron algunos edificios pendiendo del precipicio.
“¿Por qué en Chile seguimos autorizando proyectos inmobiliarios en ecosistemas costeros frágiles, pese a que la evidencia científica advierte sobre sus riesgos?”, se pregunta Martínez.
Costa de Montemar IV: urbanización junto al santuario
Uno de los proyectos que volvió a abrir el debate es Costa de Montemar IV, una iniciativa que contempla la extensión y pavimentación de la calle Cornisa, junto con obras de urbanización como alcantarillado, alumbrado público y colectores de agua.
El proyecto aprobado consiste en la extensión y pavimentación de la calle Cornisa, conexiones de alcantarillado, colectores de agua y alumbrado público, y otras obras viales y de infraestructura para habilitar cuatro nuevos lotes, sobre los que luego se podrían construir edificios.
El proyecto queda justo atrás del edificio Kandinsky, que quedó al borde del primer socavón que se abrió en las dunas de Concón.
Costa de Montemar IV extiende la calle Cornisa por el lado de Concón acercándose a menos de una cuadra del santuario del campo dunar.
El proyecto se encontraba en ejecución cuando fue paralizado en 2019, tras una resolución de la Corte Suprema que determinó que debía someterse al Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental, dada su ubicación a 80 metros del campo dunar de Concón.
Ingresó al sistema de evaluación y fue rechazado en 2024 por la Comisión de Evaluación Ambiental de Valparaíso. La empresa titular apeló la decisión ante el Comité de Ministros, instancia que finalmente dio luz verde a la iniciativa en 2026.
El proyecto ya está construido casi en su totalidad, pero fue paralizado en 2019 y obligado a someterse a evaluación ambiental por su cercanía al Santuario de la Naturaleza.
Fiscalizaciones determinaron que la empresa Reconsa, dueña de las dunas, intervino el ecosistema con retroexcavadoras extrayendo arena y depositando escombros junto a flores amenazadas.
Desde Duna Viva advierten que la decisión genera preocupación por sus posibles efectos en el ecosistema.
“Lo que estamos viendo es una señal preocupante para la institucionalidad ambiental. En ambos proyectos existieron informes técnicos fundados de distintos organismos sectoriales -como CONAF, la Seremi de Medio Ambiente, el Gobierno Regional y el propio municipio- que advirtieron impactos relevantes sobre el entorno del Campo Dunar de Concón y recomendaron su rechazo en el proceso de evaluación ambiental”.
Además, sostiene: “No estamos frente a objeciones meramente políticas o territoriales, sino ante observaciones técnico-jurídicas y ambientales de peso, que fueron analizadas por la Comisión de Evaluación Ambiental de Valparaíso y que llevaron a un rechazo unánime de los proyectos en esa instancia”.

Edificio Makrocéano: nueve pisos y siete niveles subterráneos
Uno es el proyecto denominado Costa de Montemar IV. Otro proyecto aprobado es Makroceano, un edificio que quedó a medio hacer y que se ubica a pocos metros de los socavones que se abrieron tras las lluvias de los años pasados.
El último aprobado queda al lado de un socavón y se inició sin permiso.
El otro proyecto aprobado es Makroceano; un edificio que quedó a medio hacer y que se ubica a pocos metros de los socavones que se abrieron tras las lluvias de los años pasados.
Makroceano contempla nueve pisos en altura en forma de terrazas y otros siete subterráneos, para alojar 149 departamentos, 149 bodegas y 243 estacionamientos.
El edificio Makrocéano contempla nueve pisos en superficie, con múltiples niveles subterráneos, 149 departamentos y 243 estacionamientos, con una inversión cercana a los US$48 millones.
Las obras fueron paralizadas en 2020, tras identificar que el proyecto no había evaluado sus impactos ambientales pese a su cercanía con el santuario.
La iniciativa ingresó al Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental donde se recomendó su rechazo ya que el estudio presentado por la empresa no lograba acreditar que el proyecto no generaría daños significativos en el ecosistema.
Tras someterse a evaluación ambiental, el Servicio de Evaluación Ambiental recomendó rechazarlo y la Comisión de Evaluación Ambiental, COEVA, mantuvo la decisión técnica del organismo y lo rechazó.
La Comisión de Evaluación Ambiental de Valparaíso tomó esa recomendación y rechazó el proyecto en 2024.
Luego, la empresa presentó un recurso ante el Comité de Ministros, que esta semana decidió acoger la reclamación y aprobar el proyecto.
Para el mundo ambientalista la decisión confirma una posición preocupante en la institucionalidad ambiental.
“Cuando decisiones adoptadas sobre la base de antecedentes técnicos regionales son posteriormente revertidas por el Comité de Ministros, inevitablemente se debilita la credibilidad del sistema de evaluación ambiental”, señala Muñoz.
Características del proyecto Makroceano
| Elemento | Descripción |
|---|---|
| Altura | Nueve pisos en altura en forma de terrazas |
| Niveles subterráneos | Otros siete subterráneos |
| Departamentos | 149 |
| Bodegas | 149 |
| Estacionamientos | 243 |
| Inversión | US$48 millones |
Alto Santorini y otros proyectos en el entorno protegido
El proyecto inmobiliario Alto Santorini volvió a estar en el centro de la discusión luego de que la alcaldesa de Viña del Mar, Macarena Ripamonti, cuestionara públicamente que aún existan iniciativas que busquen construirse en las dunas de Concón.
Durante una entrevista con Mega, la jefa comunal afirmó que, pese a que el municipio modificó el Plan Regulador para impedir nuevas edificaciones en las dunas, todavía hay personas que mantienen acciones judiciales para sacar adelante proyectos inmobiliarios.
La iniciativa, impulsada por la inmobiliaria Lote 21 SpA, contempla un edificio de 15 pisos y 177 departamentos en un terreno ubicado junto al Santuario de la Naturaleza Campo Dunar de la Punta de Concón.
Según el citado medio, el diseño arquitectónico fue desarrollado por la oficina Quiroz y Puelma Arquitectos, liderada por Víctor Quiroz, hermano del ministro de Hacienda, Jorge Quiroz.
El proyecto, cuya inversión alcanza los US$35 millones, obtuvo el pasado 23 de junio la aprobación de su Estudio de Impacto Ambiental, EIA, por parte de la Comisión de Evaluación Ambiental de la Región de Valparaíso.
Posteriormente, el 8 de julio, el Servicio de Evaluación Ambiental, SEA, emitió la Resolución de Calificación Ambiental que permitió continuar con su tramitación.
Sin embargo, el proyecto sigue enfrentando un proceso judicial iniciado en 2019.
Según El Mostrador, la Corporación Pro-Defensa del Patrimonio Histórico y Cultural de Viña del Mar y la Fundación Yarur Bascuñán buscan que se declare ilegal el permiso de edificación otorgado en 2017, al sostener que fue aprobado sin un Estudio de Impacto Ambiental.
Finalmente, desde el municipio indicaron que tanto la Corte de Apelaciones de Valparaíso como la Corte Suprema establecieron que las obras no podían ejecutarse sin ingresar al Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental.
Riesgos ambientales de construir sobre dunas
Las dunas tienen una dinámica móvil y no resisten una carga excesiva como la que causan los asentamientos estáticos, advierte Carolina Martínez.
Debido a la erosión costera, los litorales arenosos están retrocediendo, por lo tanto, eso impacta en la construcción sobre dunas primarias.
Al tener una reducción de la playa y al afectarse con infraestructura el desarrollo y la dinámica natural que requieren las dunas primarias, se genera un retroceso y una degradación de todos los ecosistemas vinculados al campo dunar.
Esto también genera un retroceso y disminución de las arenas que deben ser movilizadas por el viento para formar las dunas secuenciales.
La integrante del Centro de Investigación para la Gestión Integrada del Riesgo de Desastres asegura, asimismo, que construir sobre estos campos “representa un riesgo para la vida humana, ya que las dunas, al tener una dinámica móvil, no resisten una excesiva carga como la que causan los asentamientos estáticos”.
“Las dunas, debido a esta fragilidad, tienen problemas para convivir con actividades económicas de alto impacto y se degradan por la extracción de la minería de dunas, y por construcciones que exceden la capacidad de carga que pueden resistir”.
Alteración del equilibrio sedimentológico
Hay también un balance sedimentológico que se ha vulnerado.
Muchos campos dunares se han visto deprimidos o desplazados por diversas razones, en su mayoría por la intervención humana de todo tipo, no sólo la construcción, también actividades recreativas o de extracción de áridos, por poner otros ejemplos.
Reponer o mitigar eso, es imposible.
Algunos efectos o consecuencias de estas alteraciones las vemos en playas sin arena, tormentas o trombas de arena, desplazamientos dunares hacia caminos, casas o infraestructura crítica, o las fallas retrogresivas que hemos visto en los socavones.
Hoy, sólo podemos buscar la mitigación de los problemas que se han ido generando por no considerar de antemano los impactos o riesgos potenciales de nuestras acciones.
Riesgos geotécnicos y seguridad estructural
Distinta es la visión que entregan especialistas en construcción.
El ingeniero civil Jorge Carvallo, presidente de la Asociación Chilena de Sismología e Ingeniería Antisísmica, Achisina, señala primero que toda construcción tiene potenciales riesgos debido a diferentes amenazas como sismos, vientos, tsunamis, cargas de uso, etc.
Y lo que se busca es que dicho riesgo sea lo suficientemente bajo, para que la comunidad haga uso seguro de los edificios.
El profesor de la Escuela de Ingeniería de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso agrega: “Desde el punto de vista del diseño estructural, la construcción sobre dunas no tiene amenazas muy distintas a las de otros emplazamientos, por lo que no existe un desafío técnico mayor que en la mayoría de los suelos”.
Para controlar el riesgo existen normas de diseño sísmico y de materiales, y variados estudios de mecánica de suelos que permiten determinar los parámetros estáticos y dinámicos del sitio donde se emplazará la edificación.
Estos estudios permiten establecer las demandas sísmicas que actuarán sobre la estructura y establecer la capacidad de soporte del suelo.
Por otro lado, la norma sísmica chilena define cuatro tipos de suelos aptos para fundar una estructura, que van desde la roca hasta la arena medianamente densa, pasando por el suelo dunar, que corresponde a un suelo denso o firme.
Jorge Carvallo comenta que las tecnologías que se suelen usar para edificar sobre campos dunares son las contenciones habituales para sostener las excavaciones.
“Típicamente se utilizan anclajes temporales que permiten ejecutar la obra y una vez construido el edificio estos anclajes se destensan”, apunta.
Pablo Guerra, presidente de la Asociación de Constructores Civiles UC, ACCUC, sostiene: “Todos los terrenos donde se va a construir presentan desafíos importantes, pero en el caso de la construcción sobre arena, efectivamente hay parámetros más desafiantes por las características propias del terreno”.
Uno de los riesgos importantes es la presencia de agua que genera cambios determinantes en el comportamiento de este tipo de suelos, y el desafío para la ingeniería es resolver técnicamente cómo se evita que la presencia de agua en suelos arenosos afecte la estabilidad de las estructuras.
Uno de los riesgos importantes para la construcción sobre arena es la presencia de agua, indica Pablo Guerra.
Técnicas constructivas para excavaciones y fundaciones
En relación a este tema, Pablo Guerra indica primero que es importante diferenciar entre dos aspectos en la construcción de un proyecto, que se han confundido en varias publicaciones sobre los socavones en Viña del Mar.
“En primer lugar, hay que atender el tema del sostenimiento del terreno, para poder llegar a los sellos de excavación del proyecto y generar el espacio para poder construir los subterráneos y fundaciones; y, en segundo lugar, resolver cuál será el tipo de fundación que tendrá el proyecto”, dice.
Añade que, en el caso del sostenimiento, existen varias técnicas que dependen del tipo de suelo, “pero en arena es muy común el uso del muro berlinés, tablestacado, soil nailing”.
Lo fundamental es que el tipo de solución debe ser definido por el mecánico de suelos con los antecedentes entregados por el estudio previo del terreno.
El constructor civil explica, asimismo, que para las fundaciones lo que más se aplica son losas, que, dependiendo del diseño estructural, pueden ser incluso mayores a 1 metro de espesor.
También se utilizan pilotes de fundación, que son columnas de hormigón armado enterradas en la arena.
Al igual que para la definición del tipo de sostenimiento del terreno, el diseño del tipo de fundación va a depender de los estudios de suelo y de las definiciones de los proyectistas de cálculo y de mecánica de suelos.
| Aspecto de la obra | Soluciones mencionadas |
|---|---|
| Sostenimiento del terreno | Muro berlinés, tablestacado, soil nailing y anclajes temporales |
| Fundaciones | Losas y pilotes de fundación |
| Definición técnica | Estudios de suelo, proyectistas de cálculo y mecánica de suelos |
| Riesgo destacado | Presencia de agua en suelos arenosos |
¿Es posible compatibilizar la construcción con la protección?
Guerra contesta: “Es compatible, pero no podemos olvidar que todas las obras de construcción tienen un impacto en el ecosistema”.
“En mayor o menor medida, nuestra labor como profesionales, arquitectos, ingenieros y constructores, es buscar los mecanismos para que dicho impacto sea lo menos agresivo”.
“Hoy la preocupación por el medio ambiente es un tema que a todos nos debiera preocupar y por lo mismo dedicar todos nuestros conocimientos a desarrollar proyectos sustentables y amigables con el entorno”.
Destaca que es importante que las dunas se puedan mantener en el tiempo, por lo cual “es fundamental generar y mantener las zonas de resguardo que hay actualmente, y no seguir agrediendo y disminuyendo las zonas protegidas”.
A juicio de Tomás Trewhela, Ph.D. en Mecánica y académico de la Facultad de Ingeniería y Ciencias de la Universidad Adolfo Ibáñez, compatibilizar la edificación sobre dunas con el resguardo de estos ecosistemas “es difícil bajo las lógicas constructivas o de desarrollo urbano actuales”.
“Estamos ya en un escenario de interacción muy fuerte entre centros urbanos y campos dunares. Las normativas no están siendo actualizadas a la velocidad con la que se están generando estas interacciones y seguimos con paradigmas constructivos fuera de los desafíos que estamos enfrentando en términos medioambientales y de resiliencia”.
Compatibilizar dependerá de dicha actualización normativa y de entender los procesos que conducen a la interacción entre centros urbanos y campos dunares, un rol que podemos cumplir desde la ciencia y la academia.
Con el entendimiento podremos generar normativas que faciliten dichas relaciones y las compatibilicen.
Medidas de mitigación ambiental
Las medidas dependerán del tipo de proyecto y cómo afecta al entorno natural, eso lo tienen que definir los especialistas.
Actualmente, tenemos el SEIA, Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental, que es bien riguroso en sus requerimientos, no se puede dar una receta.
Jorge Carvallo acota que las medidas que adoptan las empresas constructoras para mitigar los impactos ambientales que genera la edificación sobre campos dunares “son las contenidas en las normativas particulares que regulan el sector y aquellas que se derivan de los estudios de impacto ambiental, en el caso de que la ley lo haya requerido”.
Hay medidas mínimas que se deben adoptar en cualquier proyecto de construcción, como:
- Cuidar el agua con buenas instalaciones de faenas.
- Hacer mantención permanente a las redes de agua potable que alimentan la obra y los baños para los trabajadores.
- Evitar las filtraciones.
- Aprovechar las aguas grises.
- No intervenir el terreno donde no sea estrictamente necesario.
- Mantener y cuidar la vegetación existente.
- Tener procesos industrializados que disminuyen considerablemente los escombros y la pérdida de materiales.
- Reducir los fletes y el consumo de combustible.
Las medidas de mitigación que debieran adoptar las constructoras en estos casos debiesen apuntar al “restablecimiento de la vegetación que cubrió el campo dunar y asegurar su protección”.
La recuperación de la vegetación resulta relevante porque las plantas pioneras participan en la fijación de los granos de arena y en la formación de los primeros montículos de dunas.
Sin embargo, hay alteraciones que no pueden revertirse completamente. Reponer o mitigar el balance sedimentológico vulnerado es imposible.
Medidas de gestión durante las obras
- Definir la solución de sostenimiento a partir de un estudio previo del terreno.
- Resolver de manera separada el sostenimiento de las excavaciones y el tipo de fundación.
- No intervenir el terreno donde no sea estrictamente necesario.
- Mantener y cuidar la vegetación existente.
- Evitar filtraciones y controlar las redes de agua potable.
- Aprovechar las aguas grises.
- Reducir los escombros y la pérdida de materiales mediante procesos industrializados.
- Reducir los fletes y el consumo de combustible.
Planificación territorial y zonas de transición
Tomás Trewhela plantea también que para reducir los impactos ambientales que genera la edificación sobre estos ecosistemas “debería existir una planificación un poco más detallada de la intervención que se realiza en las zonas cubiertas por dunas”.
Se podrían establecer zonas de transición, o buffer, a través de parques naturales o plazas entre los centros urbanos y los campos dunares para mitigar tanto el impacto ambiental como la interacción mencionada.
De igual forma, debe establecerse una mejor progresión en la densidad poblacional o de superficie construida desde un área protegida hacia el centro urbano.
Esto puede lograrse con una planificación territorial más consciente y menos invasiva, como edificaciones de menor altura y con menor densidad, minimizando la relación entre áreas protegidas y urbanas.
Hay que darse cuenta que las dinámicas más complicadas se han dado justamente en las zonas de interacción directa entre grandes estructuras y áreas protegidas.
En la medida que maticemos la interacción, mitigaremos los impactos.
Carolina Martínez sostiene que se requiere actualizar “los planes reguladores, para que sean robustos en identificar a las dunas como áreas no urbanizables”.
Estos deberían coexistir también con otros instrumentos de protección, como los santuarios naturales u otras figuras, especialmente considerando que las dunas colindan e interactúan con playas y humedales costeros, conformando un sistema de interacciones múltiples.
Sin embargo, creemos que lo más importante para el país es poder contar con una Ley de Costas, que proteja estos ecosistemas y los considere como territorio singular.
La investigadora comenta que el Observatorio de la Costa impulsó una propuesta al respecto que fue ingresada como moción el año pasado en el Parlamento, iniciativa que considera la interacción entre la playa, las dunas y los humedales como un todo, desde un punto de vista sistémico.
Evaluación ambiental y controversias institucionales
En agosto de 2020, la Superintendencia de Medio Ambiente formuló cargos en contra de Reconsa por la ejecución del proyecto “Urbanización y Loteo Costa de Montemar VI Etapa”, en los márgenes del Santuario de la Naturaleza, por elusión al SEIA dado que afectaba duna adyacente al terreno protegido.
La infracción fue calificada como gravísima, Res. Ex. N°1/2020.
En octubre del mismo año, la empresa presentó un programa de cumplimiento, el cual fue aprobado por la SMA en enero de 2021.
No obstante, en febrero de 2021, la Corporación Pro-Defensa de Viña del Mar y la Fundación Yarur Bascuñán interponen recurso de reclamación, R-277-2021, ante el Tribunal Ambiental en contra de la resolución de la SMA que aprobó el programa de cumplimiento.
El Comité de Ministros, liderado desde el Ministerio del Medio Ambiente y en pleno proceso de cambio de gestión, no respondió a las consultas enviadas por este medio.
Desde Duna Viva consideran que la reversión de decisiones técnicas regionales debilita la institucionalidad ambiental.
Esta discusión vuelve a plantear la necesidad de que las evaluaciones consideren no sólo el terreno inmediato de cada proyecto, sino también la relación entre las obras, el santuario, las playas, los humedales, el viento, el agua y el equilibrio sedimentológico del campo dunar.
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Construcción, cambio climático y resiliencia costera
La construcción sobre dunas se desarrolla en un contexto de erosión costera, retroceso de los litorales arenosos y mayor exposición a eventos extremos derivados del cambio climático.
Las dunas son fundamentales para mitigar amenazas naturales recurrentes en el país y para eventos extremos derivados del cambio climático, siendo capaces de disipar la energía de fenómenos como tsunamis o marejadas.
La reducción de la playa, la alteración de la dinámica eólica, la extracción de arena, la pérdida de vegetación y la instalación de estructuras estáticas pueden disminuir esa capacidad natural de protección.
Los efectos pueden manifestarse en desplazamientos dunares hacia caminos, casas o infraestructura crítica, así como en fallas retrogresivas y socavones.
Por eso, los desafíos técnicos de una obra no pueden analizarse de manera aislada de los procesos ambientales y territoriales que mantienen vivo el campo dunar.