Pintura del hombre asustado: significado, historia y análisis de «El grito»

La imagen de un hombre asustado, con el rostro deformado por el miedo y la angustia, tiene uno de sus ejemplos más célebres en «El grito» de Edvard Munch. La obra muestra una figura que, gritando, transmite angustia y agonía mientras el mundo que la rodea se deforma y se hace partícipe de sus propios sentimientos destructivos.

El grito es una obra del pintor noruego Edvard Munch, cuyo título original es Skrik. Debido a su fuerza expresiva, esta pintura es considerada un antecedente del movimiento expresionista y se ha convertido en un ícono cultural: es una de las imágenes más reconocidas del mundo y ha sido ampliamente parodiada por artistas recientes.

El grito de Edvard Munch

Qué representa la pintura del hombre asustado

La escena presenta a un hombre parado en medio de un puente, como si hubiera vislumbrado algo que los espectadores no pueden imaginar. Su rostro expresa terror y su boca abierta parece emitir un grito mudo. El cuadro transmite una sensación inmediata de miedo, soledad y desesperación.

Angustia, desesperación y desconcierto son algunos de los sentimientos más negativos que condicionaron la vida de Edvard Munch, marcada por la pintura y el malestar que intentaba exorcizar a través de ella. El grito es la suma de todos estos sentimientos que van más allá de lo individual y se vuelven colectivos: de hecho, El grito no concierne solo a Munch, sino que abarca un tema mucho más amplio: la humanidad entera.

La figura del centro, deformada y espectral, se convierte en un símil del ser humano, simbolizado en toda su fragilidad y decadencia. El grito emitido por la figura central contiene todo el dolor de vivir que une a la gente en todas partes y por el que Munch se siente particularmente afligido.

Todos podemos sentirnos identificados con su mensaje: el humano moderno en un momento de profunda angustia y desesperación existencial. Es un mensaje universal, que trasciende sexos, razas y nacionalidades. Por ello, El grito es considerado uno de los cuadros más importantes de la historia del arte.

Edvard Munch, el pintor de la angustia

Edvard Munch nació en 1863 en Loten, Noruega. Era hijo de un médico militar, muy estricto y obsesionado con la religión, y pasó por una infancia muy difícil, ya que pronto murieron su madre y su hermana por la enfermedad de la tuberculosis.

Munch fue el precursor del expresionismo alemán y, como él dijo: «Del mismo modo que Leonardo da Vinci había estudiado la anatomía humana y diseccionado cuerpos, yo intento diseccionar almas». En sus obras reflejó a la perfección al hombre contemporáneo, pero sobre todo su sufrimiento interno, que se traducía en la angustia existencial.

A lo largo de su vida firmó más de 1000 cuadros y 15.000 grabados. Sus obras se caracterizan por reflejar la angustia y desesperación del hombre moderno. Munch fue un hombre obsesionado por algunos temas como la enfermedad, la locura, la sexualidad o el vampirismo, pero sin duda El grito es su obra más famosa.

Munch se inspiró en su propia vida atormentada: una tragedia sobre un padre severo, una madre muerta y unas hermanas enfermas, trastornos bipolares y depresión, alcohol y armas de fuego. El propio artista escribió: «Desde que tengo memoria he sufrido un sentimiento profundo de ansiedad que he tratado de expresar con mi arte».

La experiencia que inspiró «El grito»

Aparentemente, la inspiración para este cuadro provino de una tarde en que Edvard Munch paseaba junto con dos amigos por un mirador de la colina Ekeberg, desde donde se podía apreciar el paisaje de Oslo.

En su diario, escribió: «Iba por la calle con dos amigos cuando el sol se puso. De repente, el cielo se tornó rojo sangre y sentí un estremecimiento de tristeza. Un dolor desgarrador en el pecho. Lenguas de fuego como sangre cubrían el fiordo negro y azulado y la ciudad. Mis amigos siguieron andando pero yo me quedé allí, temblando de miedo. Y oí que un grito interminable atravesaba la naturaleza».

Después de esa experiencia, pintó el cuadro La desesperación en 1892, donde retrata precisamente ese momento. No satisfecho con los cuadros anteriores, Munch siguió pintando, en busca de la que sería su obra maestra.

Características visuales y composición

La escena donde se encuentra la figura es un sendero con vallas que se aleja en perspectiva diagonal. En el cuadro prevalecen los colores cálidos de fondo. En el cielo, fluido y arremolinado, predominan los tonos naranjas. El sendero y el paisaje, por su lado, parecen iluminados por una luz semioscura.

El tema del ritmo y la vibración es muy importante en este lienzo. El cielo, las nubes, el agua y la figura central parecen moverse al mismo tiempo, como si toda la naturaleza estuviera atravesada por el miedo.

El cuadro se caracteriza por una fortísima distorsión de los elementos retratados que le confieren una evocación disruptiva, gracias también al uso de colores complementarios que permiten acentuar la fuerza cromática del cuadro.

Es fundamental centrar la atención en el contraste de las líneas que componen El grito. Mientras que el sujeto del centro está realizado con líneas curvas y serpenteantes, igual que el cielo, las nubes y el mar, las dos figuras del fondo y el malecón tienen líneas rectas y fuertes.

ElementoCaracterísticas
Figura centralLíneas curvas, rostro deformado y expresión de terror
Cielo y paisajeFormas fluidas, arremolinadas y serpenteantes
Puente y figuras del fondoLíneas rectas y fuertes
ColoresPredominio de tonos naranjas y contrastes cromáticos
PerspectivaSendero con vallas que se aleja en diagonal

El hombre que grita o que escucha un grito

Uno de los más viejos debates en torno a este cuadro es si la figura grita u oye un grito. Para algunos especialistas, el personaje del primer plano estaría reaccionando ante un grito y no emitiendo uno.

De cualquier modo, en esta pintura se ha solido reconocer la angustia existencial del hombre moderno en la transición del siglo XIX, de grandes avances tecnológicos, al siglo XX; su sentimiento de soledad y desaliento, su desesperación.

Asimismo, se ha interpretado el cuadro como símbolo de la condición del artista como hombre profundamente atormentado. La figura no representa necesariamente a una persona concreta: puede simbolizar a cualquier individuo enfrentado a una crisis interior.

La soledad y la indiferencia en el paisaje

También hay una clara separación entre dos grupos de figuras. La figura central recoge al sujeto y el paisaje circundante, presa de este grito inhumano y todos los sentimientos oscuros que encierra.

El hombre y la naturaleza, por lo tanto, corren por el mismo camino desalentador. Las dos figuras del fondo, en cambio, no se afligen por lo que sucede e incluso parecen salirse del marco y, por extensión, del momento.

La indiferencia de las personas y la extrema soledad de los individuos se comunican al espectador con un impacto disruptivo e inevitable. Mientras los dos acompañantes siguen caminando, la figura central queda aislada, inmóvil y dominada por una experiencia que no puede compartir.

Cuatro versiones de «El grito»

No existe un solo Grito, sino varios. A lo largo de los años, Munch realizó cuatro versiones de su obra, además de una litografía. Las versiones fueron ejecutadas en óleo y pastel sobre cartón, o en témpera sobre cartón.

AñoTécnicaSoporte
1893Óleo y templeCartón
1893CrayónCartón
1895PastelCartón
1910TempleTabla

La primera versión de El grito se realizó en 1893, aunque es un intento embrionario que desembocará en la segunda versión en pastel sobre cartón, que ve la luz ese mismo año. Dos años más tarde concibe la tercera versión, creada con la misma técnica que la anterior, y finalmente en 1910 realiza la última versión de El grito, en la que recurre a la témpera sobre tabla.

La versión original y más famosa, terminada en 1893, tiene unas dimensiones de 91 × 73,5 centímetros y se encuentra en la Galería Nacional de Oslo, Noruega.

La pintura original sería expuesta en 1893 como parte de un conjunto de seis pinturas titulado Amor, que representaba las distintas fases de un idilio.

Cuatro versiones de El grito

«El grito» y el expresionismo

El grito se considera una pieza clave en el comienzo del expresionismo alemán, un estilo artístico surgido como reacción al impresionismo y al naturalismo de carácter positivo.

Los representantes de este movimiento de finales del siglo XIX defendían un arte más personal e intuitivo, dominado por las emociones y los sentimientos. Sus obras tienen un tono muy pesimista, donde se muestra lo más sórdido y oscuro del ser humano.

El grito de Munch, tan lleno de angustia y agonía espiritual, está considerado una de las obras fundamentales y precursoras del movimiento expresionista. La fortísima distorsión de los elementos no busca reproducir la realidad de manera objetiva, sino convertir el paisaje en una expresión visible del estado interior.

El misterioso mensaje escrito en el cuadro

Durante muchos años existió una incógnita en torno a un enigmático mensaje escrito a lápiz en el cuadro: «Solo pudo haber sido pintado por un hombre loco».

Los estudiosos no sabían discernir si el mensaje se trataba de un acto de vandalismo de un espectador o si había sido escrito por el propio pintor, conocido por haber sufrido problemas de salud mental en su vida.

La incógnita, sin embargo, parece que por fin va a ser resuelta. «No hay duda de que el escrito es de Munch», dijo Mai Britt Guleng, curadora del museo. «La caligrafía por sí misma, y los eventos que sucedieron en 1895 cuando Munch exhibió su pintura en Noruega por primera vez, apuntan todos en la misma dirección».

Munch pintó El grito después de que su hermana Laura fuera internada en un manicomio. Él mismo sufrió un colapso mental en 1908 y fue hospitalizado, por lo que, según los expertos, no sería raro que lo hubiera escrito él mismo, de manera irónica, tras las críticas recibidas en aquel momento.

Después de que Munch develara la pintura, las reacciones se centraron en su propia salud mental, más que en la pintura en sí. Según la propia Guleng, «en realidad se tomaban muy en serio las críticas y se encontraba profundamente herido y preocupado por los antecedentes de enfermedades mentales en su familia, pero escribió eso de forma irónica».

El robo de las versiones de Munch

En los últimos años, dos de las versiones de la obra El grito han sido robadas. En febrero de 1994 fue robada la versión más famosa, que se encuentra en la Galería Nacional de Oslo.

En agosto de 2004 se produjo el robo de la versión de 1910, que se encontraba expuesta en el Museo Munch. La obra principal se mantiene muy custodiada por la seguridad para evitar un nuevo posible robo.

Una de las versiones de El grito fue subastada en mayo de 2012 en la ciudad de Nueva York.

Dónde se puede ver «El grito»

La versión más famosa se encuentra en la Galería Nacional de la capital noruega. En el edificio, de sesenta metros de altura y dividido en trece pisos, es posible entrar en contacto con el corpus de Munch del que El grito es el rostro más famoso y buscado.

Otras dos versiones del cuadro se encuentran en el Museo Munch, también en Oslo, mientras que la cuarta obra pertenece a una colección particular.

El cuadro se exhibe en el Museo Nacional de Noruega junto con otras obras de Munch. La distribución de las versiones permite contemplar cómo el artista volvió sobre el mismo motivo y modificó la técnica, el soporte y la intensidad expresiva.

La vigencia de una imagen universal

El grito ha pasado a la historia por seguir siendo un espejo de nuestros miedos contemporáneos. La pintura consigue despertar ansiedad en todo aquel que la observa porque transforma una emoción íntima en una imagen reconocible para todos.

La obra no necesita mostrar una amenaza concreta. El miedo aparece en el rostro, en la postura del cuerpo, en las líneas del puente y en la deformación del cielo. La incertidumbre permite que cada espectador complete la escena con sus propios temores.

Al final se convirtió en uno de los cuadros más famosos de finales del siglo XIX, que evoca los futuros horrores que se avecinaban en Europa, y hoy es considerada una especie de Mona Lisa moderna.

La pintura no tiene nada que envidiar a otros medios a la hora de provocarnos escalofríos, ponernos los pelos de punta y hacernos temblar de miedo. Su figura central se ha convertido en una representación universal del pánico, la ansiedad y la fragilidad humana.

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