El nombre «Corazón de los Andes» reúne distintas representaciones artísticas de la cordillera sudamericana: la célebre pintura de Frederic Edwin Church, el mural de Nemesio Antúnez entregado por Chile a las Naciones Unidas y los murales contemporáneos realizados en el valle de Aconcagua.
En todas estas obras, los Andes aparecen como un espacio de identidad, naturaleza, memoria, diversidad geológica y asombro. Sin embargo, cada creación tiene una historia, una ubicación y un lenguaje visual propios.
Qué significa «Corazón de los Andes»
El título alude a la cordillera sudamericana como un centro vital de montañas, volcanes, aguas, nubes, flora, fauna y minerales. La expresión presenta los Andes no solamente como un accidente geográfico, sino como un paisaje cargado de fuerza simbólica.
En el caso de Frederic Edwin Church, el corazón de los Andes es una expresión idealista de la selva, donde presenta todas muchas especies de plantas y animales. Al fondo de la composición aparece la silueta nevada del Volcán Chimborazo, que Church pintó en otras obras. En medio de la vegetación del primer plano destaca la presencia de una cruz de madera, un elemento cristiano típico en la obra del artista.
En el mural de Nemesio Antúnez, la cordillera se convierte en una interpretación poética de la geología dramática. Utilizando una rica variedad de colores, retrató la inmensa diversidad de la riqueza mineral de la montaña, como cobre, plata, oro, piedras preciosas y semipreciosas, y otros.
El mural es como una interpretación poética de la geología dramática. Hay volcanes que palpitan con fuerza, masas de agua prensadas y ondulantes bancos de nubes.
La pintura de Frederic Edwin Church
Ficha básica de la obra
| Dato | Información |
|---|---|
| Título | El corazón de los Andes |
| Artista | Frederic Edwin Church |
| Nacionalidad y fechas | Estados Unidos, 1826-1900 |
| Año | 1859 |
| Técnica | Óleo sobre lienzo |
| Dimensiones | 167.9 cm × 302.9 cm |
| Ubicación mencionada | Metropolitan Museum of Art, New York, EE.UU. |

Mucho de eso hay en El corazón de los Andes, un cuadro de grandes dimensiones (168,0 × 302,9 cm) y su pieza más famosa.
Tras pintar obras claramente inspiradas en su maestro Thomas Cole (como “Casa junto al lago”, de 1852), el paisaje del río Hudson comienza a no ser suficiente para Church, quien viaja a América del Sur inspirado por las aventuras de Alexander von Humboldt.
La pintura no representa un lugar concreto de Sudamérica, sino que es un paisaje idealizado, un compendio de elementos paisajísticos que habían impresionado al artista.
Formación artística e influencias
Frederic Edwin Church fue un pintor estadounidense que se aventuró a América del Sur, quizá emulando a un antepasado, un pionero puritano de Inglaterra que realizó el primer viaje a través del desierto, uniendo Massachusetts con Connecticut.
El padre de Frederic estaba lejos de ser un expedicionario y había hecho fortuna en el negocio de la platería y las joyas, además de ser director en varias firmas financieras. Así que siendo joven, ya pudo comenzar a dedicarse al arte y como el dinero hace de las puertas más cerradas las más amplias, a los 18 ya estudiaba con Thomas Cole, fundador de la Escuela del Río Hudson, un movimiento sobre todo paisajístico romántico de mediados del siglo XIX.
Pero si bien ambos se manifestaron en grandes lienzos que descubrían los secretos de la naturaleza al gran público, las diferencias entre ellos eran marcadas.
Church pintó con meticulosidad científica, sus obras son hiper detalladas y documentales, y pueden contener una gran variedad de animales y plantas, todo producto de su estudio del lugar, más allá de su experiencia in situ.
Para lograr esa función, la de una obra que podría confundirse con una fotografía por ser plana, Church ocultaba sus pinceladas, para que la mano del pintor no fuese lo más importante, sino el paisaje que se representaba.
Por otro lado, Cole -nacido en Inglaterra- tenía una propuesta mucho más alegórica, moralizante, buscaba rescatar en sus obras el paisaje que estaba desapareciendo, que estaba en peligro, por los avances del hombre.
La influencia de Alexander von Humboldt
Más allá de su admiración por su maestro, Church había sido profundamente inspirado por el polímata prusiano Alexander von Humboldt, sobre todo por la obra El Cosmos (de la Tierra, la materia y el espacio).
El geógrafo, astrónomo, humanista, naturalista y explorador, que escribió 30 libros sobre Sudamérica en tres décadas, desafiaba a los artistas a retratar la fisonomía de los Andes.
Church tomó la invitación como algo personal, y hacia allí fue.
El llamado evocativo de los viajes de Humboldt a comienzos del siglo XIX tuvo una resonancia particular en Church, que se erigió como su más conspicuo discípulo-artista, habiendo producido un excepcional repertorio visual de primera mano que daba cuenta del ánimo que insuflaba el naturalista alemán en los pintores.
El mismo Church reivindicaba ser el “Humboldt artístico” del nuevo mundo.
Su práctica pictórica fue fuertemente influenciada por la lectura de Cosmos (1845) de Alexander Von Humboldt.
Los viajes de Church por Sudamérica
Church realizó dos viajes, en los que recorrió Colombia y Ecuador en 1853, y regresó a Ecuador en 1857; ambos financiados por el empresario Cyrus West Field, quien dirigió The Atlantic Telegraph Company, la cual llevó a cabo el primer tendido de cable telegráfico a través del océano Atlántico, y que deseaba utilizar su arte en las iglesias, y a su vez atraer a inversores a sus empresas en esta parte del mundo.
En el siglo XIX este artista viajó al Ecuador y realizó estudios in situ de las montañas de esta cordillera.
Church realizó bocetos al óleo, lápiz, gouache y acuarela de diferentes espacios como el Río Magdalena, el Salto del Tequendama, el volcán Cotopaxi y el volcán Chimborazo.

El llamado de Humboldt se relacionaba con una época en la que numerosos artistas-exploradores viajaban a los trópicos en busca de escenarios exóticos.
El Corazón de los Andes es el summum de una era donde por lo menos 30 artistas-exploradores viajaron a los trópicos en busca de escenarios exóticos, alentados tanto por el espíritu explorador de las décadas previas como por la narrativa edénica que configuraban los paisajes del sur del continente.
Los dos viajes de Church al Ecuador (1853 y 1857) se han enfocado como una búsqueda del paraíso en la Tierra, siendo el subcontinente -en la mente norteamericana de aquel entonces- una representación del mundo como existió en sus orígenes.
Obras sudamericanas relacionadas
De sus experiencias sudamericanas, Church también creó Las Cataratas del Tequendama cerca de Bogotá, Nueva Granada (1854), Las Cordilleras: Amanecer (1854), Los Andes de Ecuador (1855), Paisaje sudamericano (1856), Cayambe (1858), y Cotopaxi (1862), entre otras.
- Las Cataratas del Tequendama cerca de Bogotá, Nueva Granada (1854).
- Las Cordilleras: Amanecer (1854).
- Los Andes de Ecuador (1855).
- Paisaje sudamericano (1856).
- Cayambe (1858).
- Cotopaxi (1862).
En el siglo XIX este artista viajó al Ecuador y realizó estudios in situ de las montañas de esta cordillera. Después de su viaje y basado en estudios, Church pintó el Chimborazo, y posteriormente el Cotopaxi en 1862, siguiendo el estilo romanticista de la época.

Entre las obras relacionadas se encuentran “Las Cataratas del Tequendama cerca de Bogotá, Nueva Granada”, en el Museo de Arte de Cincinnati, “Cotopaxi”, en el Museo Smithsoniano de Arte Americano, Washington, y “Las Cordilleras: Amanecer”, en colección privada.
Qué elementos aparecen en «El corazón de los Andes»
El Chimborazo
Al fondo de la composición aparece la silueta nevada del Volcán Chimborazo, que Church pintó en numerosas obras.
El Chimborazo funciona como uno de los principales puntos de atención del paisaje. Su silueta nevada establece una referencia visual dominante y vincula la escena con los estudios realizados por Church durante sus viajes.
La vegetación y los animales
El corazón de los Andes es una expresión idealista de la selva, donde presenta todas muchas especies de plantas y animales.
Church pintó con meticulosidad científica, sus obras son hiper detalladas y documentales, y pueden contener una gran variedad de animales y plantas, todo producto de su estudio del lugar, más allá de su experiencia in situ.
La exuberante vegetación fue uno de los motivos por los que el público utilizaba prismáticos de teatro para apreciar los numerosos detalles botánicos y los accidentes geográficos representados.
La cruz de madera
En medio de la vegetación del primer plano destaca la presencia de una cruz de madera, un elemento cristiano típico en la obra del artista.
La cruz introduce una dimensión religiosa en el paisaje y aparece integrada en una composición en la que conviven naturaleza, geografía y simbolismo.
Historia de la exhibición de 1859
Church expuso “El corazón de los Andes” en su estudio, a comienzos de 1859.
A partir de la primavera de 1859 se comenzó a mostrar El Corazón de los Andes de Frederick Edwin Church a un numeroso y embelesado público en Nueva York, varias ciudades de los Estados Unidos y Londres.
Hasta entonces no se había dado una sensación tal en la historia del arte norteamericano, un éxito sin precedentes que llegó a convertirla en su pintura más influyente.
En 1859 presenta El corazón de los Andes, un escenario que en sí es ficticio con elementos de Ecuador, en la Lyrique Hall de Nueva York.
Luego la llevó a la galería del Tenth Street Studio Building, realizando una presentación muy particular: era la única obra de toda la exposición, algo ya raro entonces, y la iluminó con lámparas de gas, escondidas detrás de reflectores plateados, en una cámara oscurecida.
El éxito fue colosal, y se dice que el público hacía cola para poder entrar al estudio a admirarla.
Se estima que el día del cierre de su exhibición en Manhattan circularon por la Ten Gallery más de 6,000 personas que pagaban 25 centavos por verla, muchas de ellas usando binoculares de ópera para gozar de los pequeños detalles y la exuberante vegetación.
Fue un éxito entre doce y trece mil visitantes pagaron los veinticinco centavos de dólar cada mes para admirarla.
Su posterior presentación en Londres también fue una sensación.
Resumen de Marco, de los Apeninos a los Andes
La recepción de Mark Twain
La minuciosidad de la pintura produjo una impresión duradera en quienes la contemplaron.
El escritor Mark Twain escribió que la obra “permanecería en mi mente para siempre, y ni el más mínimo detalle podría ser cambiado sin que yo me diera cuenta”.
Ubicación de la pintura de Church
“El corazón de los Andes”, de Frederic Edwin Church, se encuentra en el Metropolitan Museum of Art, New York, EE.UU.
La obra también está vinculada históricamente con sus primeras presentaciones en Nueva York, con la galería del Tenth Street Studio Building y con su posterior exhibición en Londres.
El mural de Nemesio Antúnez
Características y lenguaje visual
Esta pintura se titula Corazón de los Andes. Presenta un bello juego de colores y formas y representa la famosa cordillera sudamericana.
El artista Nemesio Antúnez pintó en un estilo contemporáneo y logró transmitir una sensación abrumadora de poder.
Utilizando una rica variedad de colores, retrató la inmensa diversidad de la riqueza mineral de la montaña, como cobre, plata, oro, piedras preciosas y semipreciosas, y otros.
El mural es como una interpretación poética de la geología dramática.
Hay volcanes que palpitan con fuerza, masas de agua prensadas y ondulantes bancos de nubes.
Encargo del Gobierno chileno
El Corazón de los Andes fue encargado por el Gobierno chileno para ofrecerlo como un obsequio a las Naciones Unidas.
El Ministro de Asuntos Exteriores de Chile, Gabriel Valdés, entregó el obsequio al Secretario General de las Naciones Unidas, U Thant, en una ceremonia.
El Ministro Valdés dijo que la pintura era testimonio de la gran admiración y apoyo que el pueblo de Chile tenía por las Naciones Unidas y sus propósitos.
La donación convirtió el mural en una obra asociada tanto con la identidad geográfica de Chile como con la cooperación internacional.

Los murales contemporáneos del valle de Aconcagua
En febrero de este año, cuatro artistas visuales con expertiz en muralismo iniciaron una hermosa travesía de pintar los tres murales más extensos del valle de Aconcagua.
Francisca Gallardo, María Fernanda Pardo, Felipe Cordero, Juan Carlos Mella, acompañados de un equipo de jóvenes, iniciaron el trabajo en Avda.
Tras un excelente resultado, siguieron con un mural en Avda.
Según relató Marcelo Iturra, encargado del proyecto “Los Andes y sus colores”, el objetivo del proyecto fue generar un sentido de pertenencia e identidad en la comunidad, cada vez que las personas observen estos murales se sientan identificados.
El proyecto fue financiado en su totalidad por la Municipalidad de Los Andes, a través del equipo del Centro Cultural.
El alcalde Manuel Rivera dijo: “Estamos abriendo espacios que a veces están deteriorados, o no están bien utilizados, y los pusimos a disposición de jóvenes artistas, muralistas, grafiteros andinos”.
Además, porque la temática tiene relación con el rescate de temas que tienen que ver con la fauna, con la flora, con el agua, los glaciares, con nuestro Parque Juncal.
Artistas del proyecto
- Francisca Gallardo.
- María Fernanda Pardo.
- Felipe Cordero.
- Juan Carlos Mella.
- Un equipo de jóvenes artistas.
En este caso, el muralismo se presenta como una herramienta para recuperar espacios, fortalecer la pertenencia local y acercar el arte a la vida cotidiana.
Relación entre paisaje, identidad y memoria
Hay cuestiones que se llevan en la sangre, una mitología que surge en los diálogos de sobremesa, los relatos acerca de familiares del pasado que despiertan la imaginación, la curiosidad, el deseo de alguna vez poder vivir una historia similar.
La representación de los Andes participa de esa memoria cultural porque transforma la montaña en una imagen compartida. La cordillera puede aparecer como paisaje científico, escenario romántico, símbolo religioso, patrimonio natural o motivo de identificación comunitaria.
En el valle de Aconcagua, el proyecto “Los Andes y sus colores” buscó precisamente que las personas se sintieran identificadas al observar los murales.
La temática tiene relación con el rescate de temas que tienen que ver con la fauna, con la flora, con el agua, los glaciares, con nuestro Parque Juncal.
De los estudios previos a las nuevas tecnologías
Esta propuesta parte de la pintura The Heart of the Andes (1859) de Frederick Edwin Church.
Tomando la referencia de ambas pinturas, mi propuesta trabaja alrededor de la idea de “estudios previos”.
Tales estudios se han realizado traduciendo la representación del paisaje a medios tradicionales y a nuevas tecnologías.
Es así como, las obras buscan generar una reflexión sobre nuestra relación actual con el paisaje, con el arte y con los medios por los que se lo consume.
La idea de los estudios previos conecta la observación directa, los bocetos y las técnicas tradicionales con las formas contemporáneas de reproducir, interpretar y experimentar el paisaje.
Una obra ficticia construida con observación real
La pintura de Church no representa un lugar concreto de Sudamérica, sino que es un paisaje idealizado, un compendio de elementos paisajísticos que habían impresionado al artista.
Church realizó bocetos al óleo, lápiz, gouache y acuarela de diferentes espacios como el Río Magdalena, el Salto del Tequendama, el volcán Cotopaxi y el volcán Chimborazo.
Por ello, el escenario final puede entenderse como una composición ficticia basada en observaciones, estudios y recuerdos de distintos lugares andinos.
En 1859 presenta El corazón de los Andes, un escenario que en sí es ficticio con elementos de Ecuador, en la Lyrique Hall de Nueva York.
El romanticismo y la mirada científica
El cuadro combina dos impulsos característicos de la época: el romanticismo, interesado en la grandeza y el poder de la naturaleza, y la observación detallada de plantas, animales, montañas y fenómenos geográficos.
Después de su viaje y basado en estudios, Church pintó el Chimborazo, y posteriormente el Cotopaxi en 1862, siguiendo el estilo romanticista de la época.
Church pintó con meticulosidad científica, sus obras son hiper detalladas y documentales, y pueden contener una gran variedad de animales y plantas, todo producto de su estudio del lugar, más allá de su experiencia in situ.
Al mismo tiempo, la composición idealizada permite reunir en un solo lienzo elementos que no pertenecen necesariamente al mismo punto geográfico.
El lugar de «Corazón de los Andes» en la historia del arte
El Corazón de los Andes es el summum de una era donde por lo menos 30 artistas-exploradores viajaron a los trópicos en busca de escenarios exóticos.
La obra se convirtió en la pintura más influyente de Church y alcanzó un éxito sin precedentes en la historia del arte norteamericano.
La pintura también muestra cómo el público del siglo XIX podía acercarse a paisajes lejanos mediante una experiencia visual cuidadosamente escenificada: una sala oscurecida, iluminación especial, una única obra expuesta y el uso de binoculares de ópera.
El interés por la cordillera no terminó con la obra de Church. Su influencia se prolongó en interpretaciones contemporáneas que exploran la relación entre paisaje, arte, tecnología, identidad y memoria.