Cada individuo transmite y expresa ideas de acuerdo a la carga cultural donde este inmerso, desde una palabra, una obra artística, una fotografía, una escultura produciéndose una constante comunicación con su mundo, por consiguiente, el hombre actúa como creador de su cultura.
En las ciudades conviven y se desarrollan las personas individual y colectivamente, compartiendo espacios e interactuando en la construcción de procesos de aprendizajes comunes. En los barrios, las singularidades le van dando a la totalidad un sentido propio, que sumados entre sí, caracterizan por fin a todo un pueblo.
Un mural en un barrio es mucho más que pintura en la pared. Es identidad, memoria y comunidad. Los vecinos no solo lo miran: lo sienten.
Qué expresa un mural sobre identidad
Un barrio no se define solo por sus calles o edificios. Lo que lo hace único son las historias que allí se han vivido, las personas que lo habitan y la memoria que late en cada esquina. Los murales urbanos son una forma poderosa de dar voz a esas historias.
Los murales convierten lo cotidiano en extraordinario. Una fachada olvidada puede convertirse en un emblema del barrio. En muchos lugares, estos proyectos artísticos rescatan personajes históricos, escenas tradicionales o símbolos culturales que representan a toda la comunidad.
Ver representada la identidad local en el espacio público genera un fuerte sentimiento de pertenencia. Los murales también cumplen una función de archivo visual.
Un mural no solo se mira: se conversa. Las personas se paran frente a él, lo comentan, lo fotografían. Cuando un espacio abandonado recibe un mural, automáticamente gana vida.
En muchos casos, los murales atraen visitantes de otros barrios o ciudades. Barrio de Lavapiés (Madrid): conocido por sus murales de arte urbano vinculados a la diversidad cultural y la memoria vecinal.
En barrios con diversidad cultural, los murales cumplen otra función clave: la integración. Además, los murales son espacios de diálogo entre generaciones.

El arte como lenguaje de transformación
El arte, con sus materiales, procedimientos y códigos en el marco de una cultura, se constituye como un conjunto específico de saberes integrado por diversos lenguajes simbólicos, cuyo aprendizaje contribuye al desarrollo del pensamiento abstracto crítico y divergente, a la apropiación de significados y valores culturales y a la construcción de nuevos significados.
El lenguaje artístico, como instrumento de transformación y comunicación abrirá caminos para la realización de proyectos en las escuelas primarias del distrito, y permitirá interactuar con el municipio y participar con actores locales con el objetivo de generar un impacto visual en los barrios a través del Arte.
Inmersas en cada barrio, las instituciones educativas, como ámbitos sociales, fomentan la participación inter e intra institucional, donde se trabaja en afianzar la pertenencia a las comunidades y se forman a ciudadanos críticos participativos y transformadores.
La metodología Murales Identitarios, entonces, fomenta la relación arte-personas y comunidades-entorno-historia-proyecto de vida comunitario. También, la participación para la cohesión social y la construcción colectiva de identidad de las comunidades.
La metodología Murales Identitarios
De ahí que la metodología está pensada para que las y los jóvenes se unan en un proceso práctico y reflexivo para representar y expresar, de forma creativa y pictórica, su historia, sus recuerdos, sus vivencias y sentimientos en el presente, sus aspiraciones y sueños para el futuro.
Por tanto, fomenta la recuperación de la memoria colectiva, el hacerse conscientes de su realidad actual y llegar a acuerdos para construir un porvenir en el que haya bienestar y paz en el territorio.
Su presencia en El Salvador -país que, pese a los acuerdos de paz de 1992, presenta altas tasas de violencias-, se ha centrado en el trabajo de prevención y atención para la construcción de paz con diversos públicos, entre los que se destacan los y las jóvenes.
La metodología ha sido probada y examinada en El Salvador.
Contextos de aplicación
- espacios formativos comunitarios u organizacionales;
- colonias, barrios o territorios con altos índices delincuenciales o de conflicto;
- organizaciones de diversos tipos.
En 2009, CRS realizó un convenio con YouthBuild International (EE. UU.) para desarrollar en El Salvador y otros países de Centroamérica el programa Jóvenes Constructores (en inglés, YouthBuild), orientado a personas entre los 16 a 25 años aproximadamente, que no estudian ni trabajan, para que vuelvan a la escuela, obtengan un empleo o comiencen su propio negocio.
Como parte de ese programa, aún vigente, se realizan otras alianzas.
Cómo construir un mural sobre identidad
1. Escuchar a la comunidad
El punto de partida siempre es escuchar.
Entre esas actividades están los diálogos a partir de preguntas orientadoras sobre la memoria y los proyectos de vida; tareas de investigación del pasado del territorio; ejercicios para la identificación de personas emblemáticas y conocedoras de los acontecimientos históricos de la comunidad; entrevistas a quienes son referentes en el territorio; conversaciones con personas adultas y mayores, adolescentes, niños, niñas, jóvenes y niños, entre otras.
Esta fase permite reconocer las historias, los recuerdos, las vivencias y los sentimientos que forman parte de la identidad colectiva.
2. Definir la historia y el mensaje
El mural debe contar una historia clara.
Tras ello, se adelantan talleres para la definición de la temática y del mensaje que se desea plasmar en el mural, de la propuesta visual y de la justificación del prediseño.
Luego, se hacen dinámicas como la lluvia de ideas, para la delimitación de los elementos centrales por cada componente del mural (pasado, presente y futuro); otras de tipo estético, y otras que permiten meditar colectivamente sobre el sustento teórico que será el punto de partida para focalizar la información requerida con apoyo de imágenes o relatos que se desee compartir.
3. Representar símbolos, imágenes y recuerdos
“Con la información recolectada y la delimitación o enfoque del mural, se procede a realizar una lluvia de ideas de lo que se desea plasmar en el mural identitario; cada uno de los participantes puede hacer propuestas de elementos, símbolos o imágenes que puedan retomarse en la composición gráfica final. En este punto se motiva a los participantes a hacer un esfuerzo para ilustrar las ideas (emplear líneas, manchas, símbolos, iconos o hasta palabras) y a escribirlas, lo cual permite obtener insumos para la realización de las diferentes composiciones del boceto o bosquejo final. Roberto Trigueros, CRS El Salvador
El mural puede reunir elementos del pasado, del presente y del futuro. De esta manera, la composición gráfica no solo conserva la memoria de la comunidad, sino que también expresa sus aspiraciones y sueños.
4. Presentar y valorar el prediseño
Así pues, el prediseño resultante se pone después a consideración y valoración de la propuesta por parte de la comunidad, en una asamblea o en un evento especial en el que se presentan los bocetos y se explica el concepto (lo deben hacer representantes o delegados de los mismos participantes-artistas).
Eso permite escuchar y nutrirse con las opiniones y las sugerencias recibidas.
5. Preparar la pared y organizar el trabajo
Tras eso, ahí sí se pasa a la elaboración del boceto final o definitivo que guiará la obra, a la preparación técnica de la pared y a las jornadas de pintura (mínimo 10 días).
Esta fase implica concertar y trabajar en equipo en busca de un fin común.
“Es muy importante coordinar de manera puntual quién y cuándo trabajará en la elaboración del mural; nuestra experiencia reconoce que se debe hacer un proceso lo más rápido posible y que se pueda visualizar el avance, eso sirve de motivación a los participantes y espectadores. Se sugiere, inclusive, hacer un cuadro con los horarios formales de trabajo y un seguimiento gráfico del cumplimiento de las tareas. Esto pretende inculcar disciplina, compromiso, esfuerzo, colaboración. Es indispensable también definir roles del equipo de trabajo y tiempos que se deben respetar. También es necesario, una vez realizado y aprobado el diseño, el cronograma y los horarios, hacer un acta de acuerdos, la cual debe ser aprobada o firmada por los actores claves de la iniciativa. Adicionalmente, de acuerdo con las posibilidades particulares, se realizan también encuentros de los artistas con miembros de otras comunidades, para que el aprendizaje entre pares motive el proceso en otros lugares.
| Etapa | Actividad principal |
|---|---|
| Memoria comunitaria | Diálogos, investigación, entrevistas y conversaciones sobre el territorio. |
| Definición conceptual | Delimitación de la temática, el mensaje y los componentes de pasado, presente y futuro. |
| Diseño | Lluvia de ideas, elaboración de propuestas visuales y valoración comunitaria. |
| Preparación | Elaboración del boceto definitivo y preparación técnica de la pared. |
| Pintura | Jornadas de trabajo organizadas con roles, horarios y acuerdos. |
Participación, convivencia y construcción de paz
La aplicación de la metodología es flexible; entre 1 y 3 meses por cada mural identitario.
Antes de emprender la ejecución de la metodología, se debe conformar y capacitar al equipo de animadores-acompañantes (mínimo dos personas, una de ellas con conocimientos de arte pictórico), para que no solo entienda cómo llevar a cabo el proceso creativo, sino para que pueda dimensionar y orientar cada actividad en relación con la prevención de violencias y con la reconstrucción de la paz.
También, para que tenga criterios y un método adecuado para llevar un registro de la experiencia con la colaboración con los mismos participantes, pues uno de los roles asignados a algunos de los miembros del grupo debe ser la realización de la memoria de cada sesión o jornada de trabajo, lo que incluye documentar el proceso en imágenes o videos y obtener testimonios positivos o negativos.
Se debe definir un grupo de apoyo líder que pueda orientar a quienes se incorporan a colaborar, pues algunas personas solamente llegan una vez y es importante explicarles qué deben hacer y dónde o cómo apoyar.
“Lo más importante que se ha identificado es que, a través de este ejercicio práctico, se logra, además del cumplimiento de los objetivos, fortalecer vínculos de empatía y amistad entre las y los participantes y los miembros del equipo facilitador.
Esta metodología es una herramienta de sensibilización y convivencia en la cual participantes, colaboradores y público en general se mostraron felices por dar un nuevo rostro a la comunidad a través de la pintura, de los colores, de los detalles.
Se sentían cómodos y relajados, lo cual permitió poder platicar sin mayores prejuicios o dificultades. Se convirtió en un momento de convivencia armónica, y a medida que se avanzaba en el mural, mucho orgullo y empoderamiento por el esfuerzo realizado.
Permitió conectar con sus raíces, generar interés por la memoria histórica y reconocer el gran aporte de los ancianos de las comunidades, que son quienes conocen la historia y continúan transmitiéndola; también se convirtió en un mecanismo para descubrir talentos en las comunidades.
Ha sido interesante convivir con quienes volvían a ser personas muy relajadas, agradables de compartir en la comunidad a pesar de conductas violentas por las cuales eran conocidas.
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Un mural como declaración de futuro
Un mural comunitario se convierte en parte del paisaje durante años.
Los murales no solo hablan del pasado o del presente: también son una declaración de intenciones.
La obra colectiva permite visualizar una comunidad que reconoce sus raíces, observa su realidad actual y participa en la construcción de un porvenir en el que haya bienestar y paz en el territorio.
El mural puede convertirse así en un espacio permanente de encuentro, diálogo e identificación, capaz de vincular a quienes participaron en su creación con quienes lo descubren posteriormente.
Una experiencia de identidad a través de la cerámica
Santiago, 26 de mayo de 2026.- Con una emotiva ceremonia de inauguración que incluyó la entrega de diplomas y un espacio para compartir, las jóvenes de la Residencia Las Hortensias -dependiente del Servicio de Protección Especializada a la Niñez y Adolescencia (SPE)- presentaron un mural de cerámica gres modelado por ellas mismas durante el taller.
“Una mirada a mi identidad” es el taller que nació de la propia inquietud de las residentes, quienes manifestaron previamente su interés por trabajar la arcilla.
El taller se estructuró en tres etapas pedagógicas diseñadas para un acercamiento progresivo y seguro al material: una primera fase de experimentación con la creación de una taza; una segunda etapa de boceto y modelado de un árbol de la vida; y una fase final donde modelaron un ave.
Carolina Lainez estuvo a cargo del taller, realizado en 9 sesiones en la residencia, donde destaca que “desde el primer momento hubo interés por crear, compartir y colaborar, permitiendo que cada niña pudiera aportar desde su propia experiencia a una obra colectiva común.
A diferencia de otras disciplinas de intervención urbana, el uso de la cerámica gres responde a una planificación técnica que prioriza la seguridad del entorno residencial.
Loreto Espinoza, encargada regional del programa Visitas Artísticas, destaca que “las participantes del taller mostraron desde un principio, gran interés en trabajar con cerámica, mostrando en cada sesión no solo sus habilidades, sino también sus gustos, ideas y personalidades.
Durante la jornada de clausura, las jóvenes pudieron realizar el descubrimiento del mural realizado junto a la tallerista.
Con una destacada trayectoria en la promoción y enseñanza del oficio cerámico, la alfarera y docente nacional se ha consolidado como una figura clave en la gestión cultural y la formación artística.
El impacto de su labor trasciende las fronteras, registrando una activa participación en importantes festivales y encuentros internacionales en países como Brasil, Perú y Bolivia.
El programa Visitas Artísticas Fondart, del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio junto a la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación (UMCE), cuenta con la colaboración y participación del Servicio Nacional de Reinserción Social Juvenil y el Servicio de Protección Especializada a la Niñez y Adolescencia (SPE).
La experiencia demuestra que un mural sobre identidad no depende exclusivamente de la pintura ni de una pared urbana: también puede construirse con cerámica, arcilla, modelado y trabajo colectivo, siempre que permita expresar gustos, ideas, personalidades y experiencias.
El arte como posibilidad de expresión personal
“Soy fiel activista del arte para la paz, por mi propia experiencia. Yo nací y crecí en una comunidad conflictiva, en una familia con una situación económica muy difícil. Cuando tenía 11 años, mi padre tuvo que migrar, así que me quedé en una situación muy difícil, El recurso que usó mi madre para ayudarme a afrontar eso fue comprarme un cuaderno y animarme a pintar lo que veía o las caricaturas. Me empezó a gustar porque sentía que podía canalizar la energía y los sentimientos negativos al dibujar, al intentar hacer algo con pintura. Sentía que eso, que la música, el baile, el arte en general, podía conectarme conmigo mismo. Sentía que era un lenguaje con el que podía expresarme, y que mi familia y mis amigos reconocían bien lo que hacía. Y aunque había otro bando que me decía: “no seas haragán”, “ponte a trabajar”, yo sentía que el arte me daba oportunidades y me hacía conocedor de muchos temas. Roberto Trigueros, CRS El Salvador
CRS brinda la capacitación a las personas e instituciones interesadas en la formación, previos acuerdos con los interesados.
- El punto de partida siempre es escuchar.
- El mural debe contar una historia clara.
- Un mural comunitario se convierte en parte del paisaje durante años.
- Los murales no solo hablan del pasado o del presente: también son una declaración de intenciones.
¿Quieres que tu barrio también tenga un mural que hable de su historia y de su gente?