Santa Catalina de Alejandría es una pintura, obra de Artemisia Gentileschi, conservada en la Galería Uffizi de Florencia. La pintura de Gentileschi aporta al museo la presencia de una de las grandes artistas del Barroco con su estilo agresivo y fuerte, tan inspirado en Caravaggio.
Finalizada alrededor del 1615, esta obra es una de las más destacadas en la carrera de la célebre pintora. Representa a Santa Catarina de Alejandría como mártir del cristianismo, resistiéndose a la muerte a negar su fe. Resistiendo torturas a manos de los romanos.Puede que el rostro de la santa sea un autorretrato de Gentileschi que, por cierto, no acostumbraba a representar a figuras de santas.
En ‘Santa Catalina de Alejandría’ Gentileschi nos presenta a una santa sobre un fondo negro, oscuro, muy típico de Caravaggio, su gran referente. Curiosamente, al lado de esta pintura se encuentra la Medusa de Caravaggio. La elección y la realización de la contraluz es sencillamente magistral.

Santa Catalina apoya su mano sobre una rueda dentada. La cual era un instrumento de tortura muy utilizado por los romanos. Con la mano apoyada en la rueda, se muestra la resistencia de Santa Catalina a la tortura, su ineficacia con ella y la resistencia de su fe ante cualquier daño físico.Con su otra mano, la santa sostiene una hoja de palma, símbolo del martirio.
Catalina está coronada, mirando hacia el cielo con gran tranquilidad y serenidad. Superior a los sufrimientos a los que es cometida.Artemisia muestra así la grandeza, inteligencia y poderío de una figura femenina tan importante en el cristianismo. Una mujer que se enfrentó al juicio de los romanos contra su fe, resistió sus torturas y se mantuvo firme y elocuente en todo momento.
Durante la carrera de Gentileschi, primera mujer es ser aceptada por la Academia de Artes de Florencia, la misma pintora se representaba en los rostros de las protagonistas de sus obras. En otras, utilizaba modelos femeninas de la vida cotidiana. Alguna vecina, amigas, trabajadoras de su barrio… Así, como Caravaggio, pasaba a la gente de a pie el protagonismo de la historia y del arte.
En este caso, se cree que Artemisia realiza un autorretrato mostrándose como Santa Catalina de Alejandría. Curiosamente, la artista pintó dos obras casi idénticas. Sobre el mismo tema pero cambiando algunos puntos. En esta otra versión la escena es más iluminada, podemos distinguir más detalles de la rueda dentada y el juego de luces no es tan elaborado. Esta Santa Catalina está coronada aunque viste un turbante que tapa parte de la corona.
Gracias a un reciente descubrimiento, hemos podido entender mejor por qué Gentileschi realizó estas dos obras. En la pintura de los Uffizi, mediante rayos X se ha descubierto que debajo de la pintura actual Gentileschi había esbozado otra diferente. Por tanto, es muy posible que Artemisia estuviese contenta con ambas versiones y le doliese tanto decidir que, al acabar esta, decidió realizar una nueva sobre su idea original.
La obra, se conserva en la Galería Uffizi, uno de los museos más prestigiosos del mundo, ubicado en Florencia.
La restauración y el estudio técnico de Santa Catalina de Alejandría en el Museo Thyssen-Bornemisza
Hasta el 26 de mayo, la Sala 11 del Museo Thyssen-Bornemisza (Madrid) muestra de nuevo al público una de las obras más emblemáticas de su colección. El Museo Nacional Thyssen-Bornemisza presenta en sus salas el resultado de la restauración y estudio técnico de una de las obras más emblemáticas de su colección: Santa Catalina de Alejandría, de Caravaggio, un proyecto que ha contado con la colaboración de Asisa.
Tras su paso por el taller, el cuadro se expone en la sala 11 en un montaje expositivo a cargo del Área de Restauración. La muestra incluye imágenes radiográficas y de infrarrojos que ilustran los aspectos más interesantes del trabajo realizado, explican la metodología utilizada y ponen de manifiesto la excelente calidad de la obra.
Consciente del interés que suscita este tipo de intervenciones, el Museo busca con esta instalación acercar al público los métodos de trabajo de los restauradores, imprescindibles para determinar los tratamientos adecuados en cada caso y fuente importante de información para la historia del arte.
El conocimiento de las técnicas y de los materiales empleados por los artistas es fundamental para poder concretar los procesos encaminados a detener el deterioro de la obra de arte.

Imagen fiel de una de las modelos habituales de Michelangelo Merisi da Caravaggio (Milán, 1571-Porto Ércole, 1610), Santa Catalina de Alejandría (h. 1598-99) es una representación atemporal de la belleza en la línea de la mejor tradición del retrato. En lugar de presentarse en trance místico, la santa está girada hacia el espectador, con el que establece una comunicación directa y al que dirige una mirada de complicidad.
La santa se arrodilla sobre un cojín rojo adamascado y se inclina hacia el costado derecho apoyándose en la rueda dentada, símbolo de su martirio, de cuyo eje, bajo su codo, cuelga un paño azul de gran riqueza y considerable peso y grosor. Luce una melena de tonalidades rojizas, en parte suelta sobre los hombros y en parte recogida a la altura de la nuca.
Entre los elementos iconográficos asociados a la santidad y al martirio, una palma que se cruza con el extremo inferior de la espada, simulando, por un efecto ilusionista, una guadaña y, sobre la cabeza de la santa, un nimbo dorado aplicado con oro sobre el fondo oscuro.
La iluminación directa sobre la joven deja en penumbra el resto de la escena, acentuando la sensación de claroscuro y potenciando de manera abrumadora su presencia. Los blancos de la camisa y las carnaciones pálidas se recortan sobre el fondo, creando un efecto tridimensional.
La restauración de Santa Catalina de Alejandría ha estado centrada fundamentalmente en la compleja eliminación de capas sucesivas de barnices acumuladas con el paso del tiempo. Su limpieza ha devuelto la unidad estética y la intensidad del claroscuro original.
Asimismo, se ha recuperado el movimiento de los volúmenes, la sutileza de las carnaciones y la delicadeza de las texturas. Como consecuencia, el cuadro ha recobrado su equilibrio y se expone con una nueva apariencia mucho más cercana a como fue concebido.
Por su parte, la toma de micromuestras ha permitido conocer y analizar los materiales utilizados por el pintor y su estado de conservación y, gracias a las imágenes en gigapixel y macrofotografías, se han podido observar hasta las más mínimas alteraciones y detalles del cuadro.
La fotografía obtenida con iluminación rasante ofrece una imagen de la superficie del lienzo en la que se hacen evidentes los relieves y diferentes texturas. De esta forma es posible percibir, de una manera más precisa, las incisiones realizadas sobre la imprimación y que responden a la ubicación de los volúmenes de la composición.
En las micromuestras destaca un estrato de color rojo intenso correspondiente a la primera versión del vestido que el pintor decidió cambiar por un color pardo más apagado. Se desconoce el motivo de este cambio, pero es posible que tuviera que ver con las exigencias del comitente (el cardenal Francesco Maria del Monte) sobre vestir a la joven con un atuendo más contenido y discreto.
La capa azul violácea que corresponde al vestido definitivo contiene una mezcla de lapislázuli, granos de azurita, carmín de cochinilla, negro carbón, albayalde y pigmentos tierra. El lapislázuli está también presente en el paño, mezclado con carbón negro finamente molido.

Radiografía y reflectografía infrarroja
Radiografía. La imagen que muestran los rayos X pone de manifiesto sutiles modificaciones. Las más significativas fueron realizadas en las manos de la joven. En un primer momento, el pintor las sitúa más elevadas y después rectifica su posición. Se ven numerosos dedos en torno a la mano izquierda, ya que fue probando distintas ubicaciones hasta colocarlos en el lugar que hoy contemplamos.
Reflectografía infrarroja. Con este tipo de luz se hacen visibles las correcciones o pentimenti realizadas a lo largo del proceso creativo, así como determinados trazos utilizados para reforzar o incluir algún elemento sobre áreas ya pintadas. En las manos de la santa puede apreciarse la diferente posición de los dedos bajo la apariencia definitiva, tal y como se observa también en la radiografía.
Santa Catalina de Alejandría en el Renacimiento español
Cuando el espectador observa este cuadro por primera vez, puede pensar que pertenece al renacimiento italiano, pero la sorpresa es que su autor es un pintor renacentista español, Fernando Yáñez de la Almedina. Se cree que el artista colaboró con Leonardo da Vinci, de ahí la influencia italiana que se aprecia en las diferentes características compositivas y técnicas.
El retrato de Santa Catalina está fechado sobre 1510, momento álgido en la carrera del artista. En la pintura, la santa está rodeada de un fondo arquitectónico clásico que armoniza la escena, creando una perspectiva típica del Renacimiento. La luz y el color envuelven a la figura que aparece estática, eterna, que revela una belleza idealizada.
Ahora importa la persona, la emoción que desprende, ideas humanistas que han ido incorporándose a la pintura de esta época.
Santa Catalina fue una mártir cristiana del siglo IV, proveniente de una familia noble de Alejandría. Fue martirizada a través de un artilugio formado por ruedas dentadas.
En sus representaciones suele aparecer sola, encarnando a una princesa real, de ahí la alegoría de la corona de gran trabajo de orfebrería que luce tras ella, sobre la pared del fondo.
En este caso muestra unos ropajes de fina elaboración, una saya con un manto de colores vivos, con letras cúficas decorativas, símbolo de su procedencia. Además, exhibe perlas en el cuello, así como joyas de oro y piedras preciosas. Lleva el nimbo característico de los santos que representa su espiritualidad. Aparece pisando la rueda quebrada, que hace referencia a su suplicio, y porta la espada, atributo que alude a su decapitación tras oponerse al emperador, posiblemente Majencio o Maximino.
Detrás de ella, apoyados en el muro están depositados un libro, símbolo de la ciencia y la sabiduría que pudo haber utilizado en su discurso con el emperador, junto con la palma del martirio que recibían los cristianos mártires representativa de la victoria del Mesías, del espíritu.
Puede ser considerado, en palabras de Elías Tormo, como el "más exquisito pintor del Renacimiento en España".
Se le cita por vez primera en unas Relaciones de los pueblos de España (1575), en la misma Almedina, como "licenciado Yánez". Hacia 1510. Es esta una de las obras femeninas más emblemáticas del Renacimiento español y la más conocida dentro de la producción de Yáñez de la Almedina.
Ambas consideraciones se deben a la proyección que el Museo ha brindado a la obra, icono imprescindible de las salas de pintura española del XVI, desde que llegara oficialmente a la institución en 1946.
Según la Leyenda Dorada, el libro de Jacopo de la Vorágine, santa Catalina de Alejandría era una joven princesa llena de sabiduría y virtud entregada al amor de Dios. La bella muchacha rechazó el matrimonio con el emperador Maximino y encontró por ello un largo martirio en el que le fueron amputados los dos pechos y padeció el suplicio en la rueda dentada y la decapitación.
Los distintos episodios de la leyenda fueron representados con asiduidad, a menudo a modo de secuencias narrativas en donde los creyentes podían seguir los heroicos episodios de la santa. Esta forma de representación, propia del mundo gótico, pervivió en nuestro país a lo largo del Siglo XVI, pero Yáñez, asumiendo plenamente las nuevas fórmulas del Renacimiento italiano, optó por una imagen de santa Catalina sin componentes narrativos, sólo sugeridos por medio de la presencia de los atributos de la santa: la espada de la decapitación, un fragmento de la rueda torturadora, la noble corona que señala su cuna, la palma del martirio y el libro que acredita su sabiduría.
Se percibe sobre todo una figura monumental y serena que entronca directamente con la obra de Leonardo da Vinci. La corpulencia escultórica de la figura, marcando una poderosa vertical contrarrestada elegantemente por los armónicos movimientos de los brazos, es rasgo característico de Yáñez, quien sigue en ello a Perugino. Toda la figura presenta gran claridad conceptual que se subraya por una iluminación límpida y calma que proclama la captación de un momento único y eterno.
Al igual que el modelo femenino, la arquitectura del fondo será nuevamente retomada en otras ocasiones. Extraída de modelos florentinos, sugiere el regio entorno de la santa, potencia la monumentalidad de la figura y define la composición y el espacio.
Destaca en esta representación la rica vestimenta con que se cubre la santa, una hermosa y sorprendente conjunción de elementos italianizantes y nativos: desde la morisca tela de la túnica, decorada con grandes letras cúficas y nesjíes y ceñida por un lujoso cinturón, hasta la vistosa gargantilla de perlas de la que pende un espléndido joyel renacentista.
Esta tabla debió realizarse en Valencia, durante el primer periodo conocido de la producción de Fernando Yáñez una vez en suelo español tras su formación italiana; esas fechas se corresponden con el periodo 1505 y 1510.
La tabla fue adquirida por el Estado en 1946, procedente de la colección del marqués de Casa-Argudín.
Datos de catálogo y procedencia
| Autor | Hernando Yañez |
|---|---|
| Asunto | 'Santa Catalina' |
| Tabla | 212 x 112 cms |
| Nº del catalogo | 2902. |
| Adquirido por el Estado | 156.000 ptas |
| Nº de Inventario | 9436 |
| Procedencia | Argudin |
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Una figura de gran importancia para la orden dominica fue Catalina de Siena, que dedicó su vida al cuidado de los enfermos y a quien se le atribuyen varios milagros. Catalina nació en Siena en 1347 y murió en 1380. Inició sus experiencias místicas en la niñez y éstas continuaron durante toda su existencia. Se entregó a dios en 1366 y nueve años más tarde fue su estigmatización.
Se la representa en esculturas y pinturas con el hábito dominico, pero en la mayoría de los casos se muestra con las vestimentas que usaban las monjas de clausura, que se diferenciaban por el uso de un velo blanco. Las imágenes de esta santa abundaron en América. A través de pinturas se reprodujeron los episodios más destacados de su vida.